El presupuesto del 2021 no es un presupuesto reactivador

Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de EL CLARÍN (Chile) el día 12 de octubre de 2020.

Si un país se encuentra sumido en una crisis económica, o a las puertas de la misma – es decir, si se presenta una caída de la producción, del empleo, del ingreso y del consumo – la teoría económica le ofrece al menos dos opciones posibles, pero diferentes, en materia de política económica.

Una de ellas es actuar contra las tendencias que genera la crisis, aumentando el gasto público – aun cuando sea incurriendo en déficit fiscal – para aumentar por esa vía la demanda, el ingreso, la producción y el empleo. Es la alternativa que se apoya básicamente en las teorías de Keynes. La otra opción es absolutamente diferente. Se trataría de reducir el gasto, para que el menor gasto fiscal colabore con la crisis, esta pueda llegar cuanto antes a su nivel de máximo desarrollo, y se pueda iniciar prontamente el proceso de recuperación, basado en las fuerzas correctivas que supuestamente el propio mercado genera cuando se le deja actuar libremente. Esas son las ideas más cercanas al neoliberalismo.

Durante el año 2020 la economía chilena ha estado sumida en una crisis económica y social de gran envergadura. En los meses finales de este año – aun cuando el Gobierno trata desesperadamente de postular lo contrario – no hemos salido de esa crisis. El PIB-según el propio Gobierno – se supone que bajará en un 5.5 % en el transcurso de este año e incluso el Banco Mundial dice que ese bajón será por lo menos del 6 %. El ingreso per cápita de los chilenos ha caído a los niveles en que se encontraba en el año 2013. La desocupación afecta a millones de chilenos. En esas circunstancias, la política que se visualizaría como necesaria es una política fiscal expansiva y reactivadora, es decir, una política de aumento del gasto público, generando con ello una mayor demanda que incida positivamente sobre el aparato productivo y, por lo tanto, sobre los empleos y los ingresos.

Pero el presupuesto que ha presentado el Gobierno para el próximo año es un presupuesto de carácter contractivo.  Es un presupuesto que no incrementa el gasto público con relación al gasto que ha tenido lugar en el transcurso del año 2020. Aumenta el gasto con relación al presupuesto ajustado con que se operó en el año 2020. Pero ese presupuesto no es un buen punto de comparación, fundamentalmente porque no refleja lo que efectivamente se gastó en el año 2020, sino solo lo que se pensaba gastar. En la práctica, se terminó gastando más, gracias, entre otras cosas, al Fondo Covid.

Según los datos que ha entregado la Dirección de Presupuestos, Dipres, el gasto en el año 2020 se calcula que llegará   a los 54.840.013 millones de pesos del año 2020, que no son iguales a los pesos del año 2021, pues entre un año y otro hay un nivel de inflación, cuyos niveles exactos todavía se desconocen, pero que se supone fluctuará entre 2.5 % y 3.0 %.  Pero un cálculo inicial, hecho por la propia Dipres, lleva esa cantidad a 56.073.914 millones de pesos del año 2021. Esa cantidad es casi la misma que está presente en el presupuesto presentado por el Gobierno para su eventual ejecución durante el año 2021, que alcanza a 56.075.589 millones de pesos. Es decir – pesos más o pesos menos – se propone ejecutar en el año 2021 un presupuesto exactamente igual al que se llevó adelante en el año 2020.  No hay incremento real del gasto.

El mero crecimiento demográfico y más aún el crecimiento de la economía llevan siempre, a todo gobierno, a ir aumentando, aun cuando sea un poco, el presupuesto de cada año. Acá se le deja igual de un al año a otro, a pesar de que se espera que la economía crezca un 5 % en el año venidero. No se trata, por lo tanto, de un presupuesto que enfrente la crisis con todas las herramientas que permite la política económica. Y no enfrentar la crisis significa, en buen romance, no jugarse por hacer crecer el nivel de producción, de empleo, de demanda, ni de consumo. Significa quedarnos donde estamos y dejar que el mercado haga su trabajo. Pero es casi una ley universal que, si en cualquier frente de la vida se hace siempre lo mismo, se obtendrán siempre los mismos resultados.

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