Las claves del ciclo político de la Concertación

Concertación

El próximo 17 de noviembre se presentará en el Instituto Igualdad el libro del sociólogo Paulo Hidalgo “El ciclo político de la Concertación: 1990-2010. Presentaran el libro Ricardo Solari y Alfredo Joignant. A continuación algunas breves líneas de presentación del texto por parte de su autor y publicados en Quintopoder.cl.

La historia socio-política de la élite de centro-izquierda en Chile, presenta las claves del ciclo político de la Concertación de Partidos por la Democracia. Su análisis requiere entender su origen como élite, su trayectoria en los diversos gobiernos desde el año 1990 hasta 2010, cuando es derrotada en las elecciones presidenciales por la coalición de derecha que asume el gobierno, luego de 50 años fuera del poder.

La tesis fundamental reside en constatar que esta élite efectúa un aprendizaje producto de su derrota por efecto del golpe militar de 1973. Éste acontecimiento le permite concordar un pacto político de largo plazo entre la izquierda-socialista- y el centro político -la democracia cristiana-para sentar las bases de la transición hacia la democracia y su consolidación, cuando asume el gobierno en 1990. Por ciclo político hay que entender las capacidades, recursos y competencias que despliega ésta élite para ser exitosa y así permanecer en el poder durante veinte años. Éste es un proceso político inédito en la historia política chilena.

En efecto, esta élite reúne las mejores destrezas para conformar un pacto que asume como divisa central una política de reformas incrementales, y capitaliza su lucha en contra de la dictadura y la defensa de los derechos humanos pero se propone gobernar para ‘todos los chilenos’. Congrega a un notable contingente profesional y técnico que son la base de la formulación de renovadas políticas públicas y es capaz por muchos años de procesar las diversas demandas sociales y expresar tanto a los sectores  medios y populares.

Cuenta además con un mito potente en torno a la transición y consolidación de la democracia que ‘ordena’ a los chilenos y les permite entender los sacrificios necesarios para instalar la democracia. Por otra parte, despliega durante veinte años un conjunto de reformas sustantivas que le cambian la cara a Chile. Si bien con límites se efectúan cambios notables al sistema de educación que se encontraba muy deteriorado: se incrementan los salarios de los profesores, se sientan las bases de mecanismos de evaluación, se dota de recursos a las escuelas vulnerables, se deroga la LOCE, quedando de todos modos pendiente cambios basales que resuelvan de modo radical la enorme desigualdad aun existente. El crecimiento económico permite el acceso al consumo de nuevos sectores sociales generándose en la práctica una nueva clase media cuyos hijos, con esfuerzos, logran por primera vez entrar a la universidad. Se dota al país de una nueva infraestructura. Se sientan las bases de una amplia y comprensiva reforma a la salud y se combate seriamente a la pobreza por medio del Chile Solidario. Se reforma la justicia y se genera un sistema de protección social de alcances históricos que reforma el sistema de pensiones que cubre a las mujeres y a aquellos que no tienen ingresos dignos para la vejez. Después de una compleja y dilatada tramitación parlamentaria, se reforma la Constitución despojándola de los enclaves autoritarios y  se aprueba la inscripción automática y el voto voluntario que aún debe ser refrendado. En definitiva, en el alza del ciclo los logros fueron en verdad formidables.

Sin embargo, el cierre del ciclo se debe, en parte, a que ésta élite no configura un programa político profundo de tipo socialdemócrata que permeara, en particular, a la élite partidaria y parlamentaria. Si bien se actúa con un programa gradualista e incremental de cambios que domina en todos los gobiernos, la élite que se instala en el ejecutivo tiene permanentes tensiones con los partidos y las bancadas parlamentarias. Ello se hace ostensible con el paso de los años.

Se estructuran fuertes disidencias en los partidos y en las bancadas parlamentarias que ponen en tela de juicio, el modelo de gobernabilidad de la Concertación en el gobierno. Además, el sistema electoral binominal le entrega una inusitada autonomía a los parlamentarios que contribuye a deteriorar su lealtad con los partidos y con el gobierno. De otro lado, se configura un clima intelectual adverso a la Concertación. También, el paso del tiempo deteriora a los partidos, que muestran una clara crisis de representación que es el reflejo de su falta de sintonía con la sociedad y del hecho que no hubo un cambio generacional genuino en la directivas, en donde, permanecen en la dirección partidaria prácticamente los mismos dirigentes desde el año 1990. Junto a ello, el Estado muestra severos problemas de gestión y se deteriora su eficiencia; surgen presiones sociales ‘desde abajo’, tanto de los estudiantes secundarios movilizados, como de los pueblos indígenas que indican serios cuellos de botella de las políticas públicas en esos ámbitos.

Todo lo anterior, se agudiza con la fragmentación de la élite partidaria y parlamentaria que gatilla la renuncia de dirigentes a sus partidos que presentan candidaturas presidenciales paralelas en la elección de diciembre de 2009. Este cuadro, es la antesala de la derrota de la Concertación en las urnas, en la mencionada elección presidencial, en la cual, la derecha desarrolla una eficiente campaña, cuando la Concertación ya se encuentra agotada y expresa a una élite ya no unificada sino que disgregada. De este modo, los factores que explicaron su éxito se encuentran severamente dañados y ello define, el término del ciclo de la Concertación en el gobierno.

* Paulo Hidalgo es autor del libro “El ciclo político de la concertación: 1990-2010”, que será presentado en el Instituto Igualdad el 17 de noviembre a las 19:30 horas.

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