DDHH: la memoria necesaria y posible de compartir

Para el próximo 10 de enero está anunciada la inauguración del Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos. Se trata de un amplio y hermoso edificio frente a la Quinta Normal y que tiene por objetivo reconstruir una parte dolorosa y trágica de nuestra historia: las violaciones a los derechos humanos ocurridas entre el 73 y el fin del régimen militar, y preservar su recuerdo para las futuras generaciones.

Se trata de un hecho de la mayor significación cultural, que dice relación con la construcción de nuestra identidad nacional: de quienes hemos sido y de lo que somos como sociedad, y sobre todo de lo que no queremos ser a futuro. Las violaciones a los dd.hh no fueron un accidente en nuestra historia, o un breve paréntesis, sino que representan un hecho fundacional en nuestra trayectoria republicana por la profunda ruptura moral que significó para nuestra convivencia, y por qué está allí, en esos hechos, en su recuerdo y en su aprendizaje, la posibilidad de construir a futuro una sociedad más humana y respetuosa de los derechos de todos.

La iniciativa, sin embargo, ha levantado ciertas críticas desde la derecha, aún cuando sectores de ésta han respaldado el proyecto, entre ellos el director de Centro de Estudios Públicos (CEP), Arturo Fontaine, quién formará parte del próximo directorio del Museo.

Probablemente el punto que genera más discusión sigue siendo si se debe o no dar una contextualización histórica al tema de las violaciones a los derechos humanos, específicamente ilustrando acerca de las causas que habrían conducido al golpe militar de 73.

Esta postura ha ido, en parte, reenfocándose en su argumento en los últimos días, y se ha entendido que no puede establecerse ningún nexo de causalidad entre las explicaciones históricas posibles del golpe militar y las posteriores violaciones a los derechos humanos. Como lo señaló en su oportunidad el profesor Carlos Peña: “Las violaciones a los derechos humanos no se explican sino que se condenan”.

La propuesta del contexto histórico, presenta además otra dificultad y objeción: no existe una sola visión histórica sobre las causas del golpe militar de 73. Aunque no se encuentre en el ánimo de quienes probablemente plantean esta propuesta, ella conlleva una pretensión totalitaria, pues implica la construcción de una “historia oficial” sobre un período histórico muy controversial, y sobre el cual difícilmente existirá acuerdo no solo hoy sino tampoco mañana.

Así como para una parte de la historiografía cercana a la derecha las causas del golpe militar del 73 tienen en la izquierda y en el propio gobierno de la UP su principal responsable; para otros, las causas tendrían que buscarse en la intervención norteamericana; o en la guerra fría; o en la conducta sediciosa de la derecha de la época; etc.

Nuevamente volvemos a un punto que no termina de ser dilucidado ni concordado: lo que se pide con el Museo de la Memoria y de los DDHH, es un acuerdo ético mínimo sobre una parte de nuestra historia: aquella que dice relación con la violencia ejercida por el Estado contra los derechos esenciales de las personas (muerte, desaparición forzada, tortura), en un período determinado de nuestra historia. No se está pidiendo, ni podría hacerse, un acuerdo general sobre todo el contexto histórico que rodearon estos hechos.No se puede exigir una memoria común ni un enfoque compartido sobre hechos históricos y políticos controvertibles (las causas del 73, por ejemplo), en los cuales no hay un principio ético universal –como en el caso de las violaciones a los dd.hh que ocurrieron con posterioridad- que determine una exigencia imperativa de una visión única y compartida (como si sucede al tratarse de crímenes de lesa humanidad)

A la derecha le ha costado mucho llegar a dos convicciones que son fundamentales: en primer término, que las violaciones a los derechos humanos no tienen atenuantes ni justificaciones y que su condena debe ser categórica y sin ambigüedades y que para ello no sirven las explicaciones de “contexto”; y en segundo término, que el recuerdo de las victimas no es una apología ni de sus ideologías ni una interpretación sesgada de nuestra historia, que hará recaer todo el peso de la responsabilidad en un solo sector político.

Si estas aprehensiones existen, se debe en buena parte porque la derecha chilena aún no ha realizado una ruptura clara, definitiva y contundente en términos históricos con las violaciones a los derechos humanos ocurridas en Chile. Hoy a nadie en Alemania se le ocurriría mirar a la derecha cuando se recuerda lo obrado por el nazismo, porque todos entienden que la derecha alemana de hoy no solo nada tiene que ver con ese movimiento de extrema derecha que fue el nazismo y las graves violaciones a los derechos humanos en que incurrió mientras estuvo en el poder, sino que ha sido un factor político claro en su condena y total ruptura política y moral con esos hechos.

El Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos constituye una oportunidad para que la derecha chilena realice ese gesto definitivo de ruptura y condena con ese pasado de violaciones a los dd.hh. Lamentablemente hasta ahora solo se observan algunas actitudes individuales, pero no un proceso que involucre en términos históricos a la derecha como sector político.

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