Memorias confrontadas

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Corte Suprema Chile

Es difícil predecir como sedimentará en nuestra política y cultura esta verdadera avalancha de imágenes, relatos, interpretaciones y revisiones históricas, actos de constricción y autocrítica (las hechas y las no realizadas) que se han vivido a propósito de los 40 años del 11 de septiembre de 1973.

Dos memorias aparecen especialmente confrontadas hoy: aquella que propone discursivamente subsumir el periodo de la dictadura –incluida las violaciones a los derechos humanos, aunque estas “obviamente” se deploran – en una explicación de contexto: el período de la UP, las razones del golpe, los convulsionados años 60. Todos al final habríamos sido responsables de la “violencia” (así innominada) hasta llegar a una situación de desquiciamiento colectivo. Todos habríamos “soplado” un poquito por usar la singular expresión del vocero ministro de la Corte Suprema.

La otra memoria que se contrapone es una que pone como el hecho fundamental de nuestro pasado a las violaciones a los derechos humanos. No porque los contextos no existan (¿qué podría existir fuera de un contexto?), sino porque en el caso a las violaciones de los DDHH hay un desacoplamiento moral radical entre el contexto y el hecho que obliga a una condena absoluta del hecho haciendo superflua una explicación contextual. Nadie podría argumentar que Auswicht no tuvo un “contexto”, pero el acuerdo que se estableció de manera más o menos universal es que lo que ocurrido allí fue suficientemente importante por sí mismo como para prescindir de una explicación de contexto o de un debate que pudiese tener alguna relevancia sobre la “culpabilidad” previa de las víctimas.

¿Cuál de las dos memorias irá a prevalecer en Chile? No se sabe. Solo sabemos que las memorias evolucionan y siempre hay varias en disputas. No todas son iguales, algunas están mejor documentadas, o descansan en más “verdades históricas” y tienen mejores posibilidades de ser algún día hegemónicas, pero nada está asegurado de antemano en esta materia. Son luchas que se dan al interior de la memoria. Por ejemplo, hay memorias que alguna vez fueron hegemónicas que hoy casi han desaparecido del espacio público: hoy pocos se atreven a hablar de “excesos” para referirse a las violaciones a los DDH o de Pinochet y su dictadura como “salvadores de la patria”. La “memoria” y la estética pinochetista, propuesta hasta la campaña del SI y que reapareció con la detención de Pinochet en Londres, aparece arrinconada y a los ojos de hoy primitiva y esperpéntica (pero hasta hacen no tantos años atrás era hegemónica).

Ahora se propone algo más sofisticado: la importancia y lo insoslayable del contexto. Una suerte de lectura un poco interesada de la tesis de la “banalidad del mal”: si todos podríamos ser un nazi en potencia, aquellos a los que les tocó serlo fue un hecho más bien circunstancial. La banalidad de la interpretación de una tesis. Esta propuesta de memoria que diluye las responsabilidades en todos y que enfatiza el “contexto” a poco andar muestra su objetivo y distribuye los roles: ustedes piden perdón por el contexto y nosotros por lo que ocurrió bajo la dictadura. Se concede, incluso, que se trata de hechos de distinta naturaleza, de que no se puede “empatar”, pero como “todos fuimos responsables de la violencia” y todos “soplamos un poquito”, debemos perdonarnos mutuamente e instalarnos rápidamente en la reconciliación y en la necesidad de “mirar el futuro”. Estos apurados reconocimientos, que incluyen un cierto uso del perdón como una “tecnología” para instalarse lo más rápidamente en la sociedad reconciliada que mira “el futuro” resultan un poco sospechosos.

Mientras el Ministro de la Suprema desplegaba su teoría de que “todos soplamos” y movía sus manos y lo acompañaba con la mímica de un resoplido, me acordé de los 9 mil recursos de amparo rechazados por la Corte Suprema entre el 73 y el 90. ¡Nueve mil! Mejor ni cotejar la lista de las víctimas de las violaciones a los derechos humanos con esos recursos de amparo denegados. Que se puede decir: fuerte el soplido de la Corte Suprema.

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