La reciente encuesta Adimark ha mejorado sustancialmente el estado de ánimo de la oposición, y dentro de las filas de la Concertación, y ha encendido las luces amarillas y rojas en el campo oficialista. Es notable que a un año de gobierno, la derecha se encuentre gobernando en minoría, y que la mayoría hoy se identifique como opositora.
Es claro que la encuesta Adimark trajo malas noticias para el ejecutivo y para la figura presidencial: no solo su evaluación se acerca al piso del apoyo histórico de la derecha sino que lo más grave es la falta de credibilidad y confianza de la ciudadanía en la figura del presidente (por sobre el 50%), y la negativa evaluación de algunas promesas claves de campaña como delincuencia, transantiago y salud. Por su parte, los continuos conflictos de interés y el respaldo a conductas reñidas con la ética como el caso de la intendenta de la VIII región, ha terminado por anular, a su vez, la promesa de mayor eficiencia y probidad con que la derecha llegó a La Moneda. La “nueva forma de gobernar” no ha terminado de convencer a los chilenos.
Sin embargo, un análisis más reposado de los resultados, debiera conducir a renovar y profundizar las reflexiones al interior de la centroizquierda, particularmente en un punto cardinal: el crecimiento del rechazo al gobierno y la identificación con la condición opositora, no se correlaciona directamente con la identificación con la identificación con un liderazgo o referente político específico.
Con todas sus deficiencias la Concertación puede exhibir como logro de 2010, y contra los principales pronósticos, que ésta no se dividió ni se dispersó, y que ha sido la única oposición visible y sistemática en estos meses. La respuesta de otras fuerzas opositoras ha sido, sorprendentemente, poco visible y episódicas.
Sin embargo, es evidente que existe un problema de desconexión entre la Concertación y un porcentaje importante de ciudadanos que se define hoy como opositor ¿Cómo recuperar ese electorado? ¿Cómo reconectar las crecientes formas de oposición social y cultural que se vienen expresando en la sociedad chilena y un referente de centroizquierda que los identifique?
La respuesta no es simple. Una razonable mirada enfatiza que más que sesudos análisis y desgarradores autocríticas o extensos documentos, lo que corresponde hacer es volver, poco a poco, a reinstalar a la Concertación (ya sea en su formato actual o ampliándose en alianza con otros movimientos políticos) en el mundo social, respetando sus dinámicas y aceptando sus liderazgos propios y emergentes. En este sentido la línea seguida con el tipo de aterrizaje de los dirigentes de los partidos de la Concertación en la VIII región, supeditándose a los propios actos locales y a los dirigentes sociales en los actos conmemorativos del terremoto del 27-F, o como en el caso de Magallanes cediendo el protagonismo a la Asamblea Ciudadana, parece ir en la línea más de escuchar que de dirigir, más de estar con las personas que “bajar la línea”.
En democracia, el núcleo político central de la oposición radica en el Parlamento, pero ciertamente no es la única. Un aspecto claramente a afinar en este año es la sintonía fina entre la oposición parlamentaria y la oposición social. De no mediar esta coordinación se corre el riesgo de continuar con esta incomunicación que se ha instalado entre el mundo político y el social, o entre una oposición social que crece pero que no encuentra su representación en algún referente político, ya sea en la actual Concertación o en una Concertación refundada.



