Educación: el fracaso de experimento neoliberal

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Protesta estudiantes

Las recientes movilizaciones estudiantiles ha dejado al descubierto las debilidades intrinsicas y estructurales del experimento ultraliberal que se intentó aplicar a la educación chilena a partir de 1981. También ha dejado en evidencia la errada apuesta realizada a comienzos del 90 por parte de la Concertación de que se podría avanzar en una lógica de dos reformas en una; la reforma de mercado desregulado, por un lado, junto con un conjunto de políticas remediales y de mejoramiento, a través de un sinnúmero de programas fundados en la búsqueda de la equidad y calidad de la educación, a través de un estado más proactivo

Ciertamente la Concertación triplicó en sus 20 años el presupuesto de educación, mejoró los salarios de los profesores, incrementó exponencialmente los recursos educativos, transformó los marcos curriculares, mejoró la infraestructura educativa y realizó una gran cantidad de políticas públicas  destinados a mejorar la calidad y los resultados de aprendizaje. Si se quiere mirar con cierto optimismo le puso otro piso a la educación chilena.  Sin embargo, no tuvo la claridad ni la fuerza para abordar los problemas estructurales heredados: una administración municipal  de la educación pública fracasada, un sistema de financiamiento que no colocaba los incentivos en la calidad, una creciente segregación social, un encarecimiento desmedido de los aranceles de la educación superior, la persistencia de un lucro explicito o encubierto que remaba en contra de los objetivos de calidad y de cohesión social,  y un sistema de endeudamiento de las familias que terminó por colapsar.

El gobierno ha venido haciendo una lectura errada de la fortaleza y unidad del movimiento estudiantil. Tiene a confundir naturales reflujos o debilidades esporádicas, con la posibilidad de derrotar al movimiento estudiantil. Se olvida  que aquí se ha conformado una nueva generación política, que tiene un proyecto educativo alternativo y que ha sabido conectar con un malestar más extendido de la sociedad derivado de múltiples experiencias cotidianas de abuso, lo que le ha dado masividad y proyección a este movimiento. Se trata de un movimiento que ha echado raíces sólidas.

¿Cómo se cerrará el conflicto estudiantil este año? Es difícil saberlo, tal vez simplemente no se cierre plenamente, y queden expuestas sobre la mesa las diferencias y con ello la continuidad del movimiento estudiantil para los próximos años.

El movimiento estudiantil tiene fuerza no solo por su masividad sino porque sus razones han ido calando en la sociedad y en parte de la intelectualidad. Contra lo que suele decirse su proyecto no plantea una revolución en la educación sino tratar de que nuestro sistema educativo se parezca lo más posible a los sistemas de los países de OECD. A medida que se junta más información comparada queda más evidencia la excentricidad del modelo educativo neoliberal chileno.

Para el gobierno de derecha resulta completamente inaudito que se les pida a ellos, que crearon el modelo, que deban ser quienes deban enterrarlo. Lamentablemente gobernar no es, por lo general, homenajear la ideología propia sino hacerse cargo de los problemas concretos que se le ponen por delante. Les tocó una educación en crisis, y contemplar como un puñado de ideas propias que no funcionan en la realidad y, aun mas,  generan el repudio de la mayoría. Lo más sabio es ponerse a la cabeza del problema, despercudirse de algunos dogmas y sentarse a dialogar en serio sobre una reforma estructural del sistema. Puede parecer duro para la derecha seguir ese camino, pero es el más realista de todos.

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