Desde la derrota presidencial pasada la Concertación viene intentando reconstruirse, tanto en su insoslayable tarea opositora actual, como en la construcción de una nueva alternativa para la actual etapa de desarrollo del país. No solo tiene que convencer a la sociedad chilena que puede gobernar mejor los municipios en 2012 y Chile en 2013 que la derecha, sino que también tiene que estar ella misma convencida que cuenta con un programa renovado, con nuevos liderazgos legitimados socialmente, y con una relación reconstruida en su confianza con los actores sociales.
Los primeros pasos para una refundación de la Concertación ya se han venido dando. Por un lado, un irreprochable ejercicio democrático en tres de los cuatro partidos que la conforman, eligiendo nuevas direcciones partidarias (el PRSD lo hará durante el mes de octubre). Los liderazgos de Tohá, Walker y Andrade –y las renovación de dirigentes que se ha producido en las nuevas mesa directivas, comisiones políticas y regiones- dan cuenta de un proceso de reconfiguración de liderazgos y de evidente vitalidad de las formaciones políticas que conforman la Concertación.
El paso siguiente debe fortalecer, con señales claras hacia la sociedad chilena, que la Nueva Concertación apostará por mecanismos participativos, transparentes y democráticos para la elección de sus principales candidaturas futuras, dando así pasos concretos en la restitución de la confianza de la ciudadanía progresista y popular de que ésta será un actor activo y decisivo en las próximas definiciones de liderazgos al interior de la Concertación.
Lo anterior, se debe complementar con señales hacia otras fuerzas políticas y diversos movimientos socio-políticos que no son parte de la Concertación, de la voluntad de ésta de abrir un proceso de diálogo amplio, con vistas a la construcción de una Nueva Mayoría política y social por los cambios en Chile.
Por último, y tal vez mucho más decisivo que lo anterior, es que la Nueva Concertación, sus partidos y militantes, se vayan reinstalando en las prácticas sociales y culturales concretas que hoy están presentes en la sociedad chilena. La derecha puede prescindir de la sociedad para hacer política, la centroizquierda no. Esta última, requiere una democracia con actores sociales y ciudadanos activos, y es con ellos que debe ir avanzando en la construcción de una opción de futuro.
Aunque es cierto que las elecciones se ganan por las ofertas de futuro más que por las reivindicaciones del pasado, la Nueva Concertación viene de una historia de lucha democrática contra la dictadura, de la defensa de los DD.HH y por cuatro gestiones presidenciales –que más allá de cualquier consideración – significaron una gran modernización y progreso para Chile. Ese legado debe ser defendido, aunque mirando al futuro y hablando de los problemas y desafíos de hoy de la sociedad chilena.
Este 5 de octubre, con toda su carga simbólica e histórica, debiera significar nuevos pasos y señales en la construcción de esta Nueva Concertación, con que la izquierda y el centro progresista buscará reconcursar en las próximas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales del país, y en la defensa cotidiana de los derechos sociales y ciudadanos de los chilenos y chilenas.



