Taller de coyuntura Informe quincenal de tendencias

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31 de julio 2017

La crisis de la DC

El controvertido caso del diputado Ricardo Rincón, quien fuera exculpado penalmente y condenado en la justicia civil por un caso de violencia intrafamiliar, se constituyó más bien en un detonante que en la causa de la grave crisis que hoy enfrenta la DC, a partir de profundas diferencias acerca de la política de alianzas que ha mantenido ese partido en los últimos treinta años en su alianza con sectores de la izquierda y que le permitieran elegir dos Presidentes de manera consecutiva (Aylwin y Frei) y ser la primera fuerza política y parlamentaria de su coalición, así como el principal partido de los gobiernos de centro izquierda en los últimos 25 años.

Un caso que se podría haber resuelto en forma previa a la Junta, con mayor diálogo y manejo político, evitando que se transformara en un tema emblemático en la pasada Junta Nacional de la DC, en donde la Presidenta y candidata presidencial de ese partido , Carolina Goic, sufriera una clara derrota que no tan sólo ha puesto en jaque su opción presidencial sino la propia unidad partidaria, precipitando, hasta ahora, la renuncia al partido de su vicepresidente, el diputado Sergio Espejo, así como la renuncia a su cargo de la subdirectora del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, María Luisa España.

El tema de la cuestionada postulación del diputado Rincón se pudo haber resuelto antes de la Junta (la mesa tenía atribuciones para ello), y seguramente se resolverá con posterioridad con la inevitable declinación de la postulación del diputado por la sexta región (tal como lo han solicitado la bancada de diputados demócratas cristianos al poner sus cargos a disposición de la Presidenta del partido), pero el daño a la candidatura de Carolina Goic, así como al propio partido (y por extensión al conjunto del oficialismo) está hecho y es de muy difícil reparación. Aunque Carolina Goic resuelva mantener su postulación presidencial, como se especula, en base a ciertas condiciones.

En verdad, la pasada Junta Nacional de la Democracia Cristiana, que algunos describen como una suerte de “suicidio asistido”, eludió el debate del tema de fondo y que está en el origen de la crisis. La decisión de llevar su postulación presidencial a primera vuelta, desechando las primarias y generando una división en la Nueva Mayoría, que deberá enfrentar a la derecha con dos candidaturas presidenciales y dos listas parlamentarias que no garantizan la regulación de la competencia al interior del oficialismo.

Inquieta por recuperar una identidad supuestamente desdibujada por su alianza con la izquierda oficialista, así como con la incorporación del Partido Comunista al acuerdo político programático, que es como la DC gusta definir a la actual coalición de gobierno (con fecha de expiración), así como por su necesidad de intentar recuperar a un electorado moderado o de centro que habría emigrado a la centro derecha, diversos sectores de la DC postulan distintas versiones del llamado “camino propio”, que por varias décadas se constituyó en su política alternativista a la derecha y la izquierda, en abierta tensión con sectores que buscan preservar el entendimiento entre el centro y la izquierda (ver manifiesto “por la identidad Demócrata Cristina”, presentado a la última junta Nacional y suscrito por más de 100 dirigentes y militantes de ese partido) y finalmente aquellos sectores que hoy muestran mayor proximidad con la derecha.

En verdad, la Democracia Cristiana parece vivir no tan sólo una crisis de identidad o de proyecto sino también una verdadera crisis de liderazgo (no demasiada distinta a la que viven otros partidos en el oficialismo), agudizada por una extendida convicción de que (al igual de lo que sucediera con otros precandidatos de la Nueva Mayoría) su postulación presidencial no logra concitar el respaldo ciudadano.

Mucho se habla de “traiciones” o deserciones de sectores que estarían más preocupados de su reelección que de la suerte que pudiera correr su abanderada presidencial, pero lo cierto es que tras varios meses de campaña o precampaña, la candidata de la Democracia Cristina no logra despegar en las encuestas (en algunas marca un muy modesto 1%), Sebastián Piñera mantiene su condición de favorito en las encuestas y el futuro de la centro izquierda se ve cada vez más incierto, al igual de lo que sucede con sus bancadas parlamentarias.

Una decisión que no tan sólo arriesga a ese partido a una estruendosa derrota a nivel presidencial, sino también a un serio descalabro a nivel parlamentario e implica dificultades casi insalvables para acordar un pacto de apoyo recíproco al interior de la Nueva Mayoría luego que fracasara el pacto parlamentario para regular la competencia en el oficialismo.

Y aunque Sebastián Piñera no duda en afirmar que la crisis que hoy vive la DC no es buena para nadie, lo cierto es que el único ganador en este rio revuelto en que hoy se debate el oficialismo, es precisamente el candidato de la derecha, que imperiosamente necesita crecer hacia el centro y que hoy, con buenas razones, aspira a pescar en estas aguas turbulentas, asumiendo que, aunque minoritarios, sectores de la DC, puestos en la disyuntiva de elegir entre Piñera y Alejandro Guillier, podrían optar por el candidato de la derecha, como lo ha sostenido recientemente Mariana Aylwin.

Por su parte, según lo ha afirmado Jorge Sharp, alcalde de Valparaíso y militante del Frente Amplio, este nuevo referente aspira a capitalizar la crisis en que hoy se debate el oficialismo, afirmando que ello contribuirá a consolidar y acelerar esa alternativa política a los bloques mayoritarios.

En verdad la crisis que hoy vive la DC es una muy mala noticia no tan sólo para ese partido sino para el conjunto de la Nueva Mayoría y el propio Alejandro Guillier, que ha desplegado sus máximos esfuerzos para no aislar a ese partido en el plano parlamentario y buscar acuerdos de apoyo recíproco en segunda vuelta, en base a acuerdos programáticos que, en verdad, estaban bastante avanzados y que hoy pierden parte de su relevancia ante el fracaso del acuerdo parlamentario que permita regular la competencia al interior del oficialismo.

Al cierre de este informe se da a conocer que la candidata Carolina Goic ha convocado a una conferencia de prensa para hoy miércoles 2 de agosto, a las 20:30 horas, en su comando de la comuna de Providencia.

 

Los dilemas de la izquierda oficialista

En verdad, la izquierda oficialista no puede quedar atrapada en la profunda crisis en que hoy aparece inmersa la Democracia Cristiana y de poco o nada sirven las recriminaciones o autocríticas tardías que se cruzan al interior del oficialismo. O buscar endosarle toda la responsabilidad de los desencuentros entre el centro y la izquierda. Al menos es una responsabilidad compartida entre todos los partidos de la Nueva Mayoría, sus dirigentes y los propios precandidatos, que no supieron encontrar una fórmula para dirimir la competencia en el liderazgo presidencial y preservar la unidad de la coalición.

Hay quiénes especulan señalando que probablemente la historia podría ser distinta si el Partido Socialista hubiese optado por elegir su candidato a través de elecciones internas o consulta ciudadana. O si Ricardo Lagos, proclamado oficialmente como candidato presidencial por el PPD, hubiese mantenido su postulación hasta el final. Y si la Democracia Cristiana hubiese resuelto competir en primarias. Pero a estas alturas, a escasos cien días de la elección, estas especulaciones de nada sirven.

Los datos de la causa son que Sebastián Piñera mantiene el liderazgo en las encuestas y que Alejandro Guillier aparece como el candidato más competitivo para enfrentar a la derecha. Y la verdad es que, hasta ahora, el candidato de la izquierda oficialista no ha desplegado una verdadera campaña presidencial, concentrado en el proceso de recolección de firmas y sus recorridos por el país, sin consolidar un comando presidencial con una estructura clara y domicilio conocido, propuestas programáticas precisas y tensiones no resueltas con los partidos que apoyan su postulación.

El próximo viernes 4 de agosto el candidato independiente, apoyado por la izquierda oficialista, formalizará su inscripción como candidato presidencial y ello deberá marcar una nueva fase de su campaña. Con un amplio despliegue territorial, propuestas y mayor protagonismo en la coyuntura y en los debates de futuro.

Sin lugar a dudas que es complejo desplegar una campaña presidencial en los escasos cien días que restan para la elección. Sobre todo una campaña que se aprecia cuesta arriba, compitiendo con quién hasta ahora lidera las encuestas (Sebastián Piñera), con una coalición dividida y una DC en crisis, además de un gobierno que hoy se encuentra abocado a culminar su agenda de fin de mandato.

 

Unas elecciones con resultados inciertos

Sin embargo la historia de la próxima elección presidencial no está escrita ni menos su desenlace. Por el contrario, sigue ofreciendo los mayores grados de incertidumbre en cuanto a sus resultados a nivel presidencial y parlamentario. Tanto por el descrédito y desconfianza en los actores políticos, que podrían desincentivar la participación ciudadana, el estreno del nuevo sistema electoral proporcional, con el rediseño de distritos y circunscripciones, las nuevas normas de representación de géneros y el financiamiento de las campañas políticas, sin olvidar la emergencia de nuevos actores políticos, como el Frente amplio o Evópolis.

Por ahora, las encuestas constituyen meras referencias, que carecen de todo valor predictivo, sin que logren representar el universo de electores efectivos. Por otra parte, las proyecciones de los resultados de la última elección municipal, en donde la Nueva Mayoría superó a Chile Vamos por más de trescientos mil votos no son del todo fiables considerando los sustantivos cambios políticos ocurridos en este último año, con un oficialismo en crisis, una derecha que se siente ganadora y un Frente Amplio que aspira a constituirse en alternativa a los bloques mayoritarios.

Las elecciones se ganan con votos y sus resultados se conocen en los escrutinios. Y así como el exitismo constituye un riesgo, el derrotismo equivale a una condena anticipada. Las elecciones se pueden ganar o perder, eso es parte de las reglas del juego democrático, pero no da lo mismo como se gane o como se pierda. Un triunfo estrecho, sin mayorías parlamentarias, representan un riesgo para la gobernabilidad futura del país. Una derrota o descalabro electoral, sin ideas o proyectos de futuro, puede ser la antesala de la dispersión y atomización.

Como siempre sucede, el peso de las campañas recae en los candidatos y los partidos que apoyan su postulación. En su capacidad de transmitir mensajes claros a la ciudadanía, que señalen las verdaderas disyuntivas que enfrenta el país de cara al futuro y cuáles son las opciones posibles para enfrentarlo. Mensajes capaces de vencer la apatía y desconfianza y entusiasmar a la ciudadanía. En eso consiste el verdadero liderazgo.

Por cierto, en los intensos y escasos meses de campaña que se aproximan, aparecen temas que partirán aguas entre el oficialismo y la oposición y que requieren de definiciones. Como el destino de la agenda de reformas impulsadas por el actual gobierno, incluyendo la nueva Constitución, la gratuidad de la Educación, las pensiones, la salud y la seguridad pública, que necesariamente sacaran al pizarrón a quienes aspiren a suceder a la Presidenta Bachelet, sin olvidar los desafíos de reactivación económica y la lucha en contra de las desigualdades que aún caracterizan nuestro desarrollo. De eso se tratan las elecciones. De liderazgos sólidos, con ideas, propuestas y proyectos de futuro.

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