Chile se reconstituye

compartir en:
ladrillos

Eduardo Muñoz

Ningún hombre libre podrá ser detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes, ni puesto fuera de la ley ni desterrado o privado de su rango de cualquier otra forma, ni usaremos de la fuerza contra el ni enviaremos a otros que lo hagan, sino en virtud de sentencia judicial de sus pares y con arreglo a la ley del reino.

Carta Magna 1215, Inglaterra


Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, ordenamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América

Preámbulo Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, 1787.


Las leyes que vais a recibir no son obra tan sólo del poder; lo son principalmente de la razón. Cesaron para nosotros los tiempos en que la suerte nos condenaba a la ciega obediencia de una autoridad sin límites. Entre nosotros las leyes son pactos fundados en el libre uso de nuestras prerrogativas. Su objeto no es tan sólo restringirlas, exigiendo de los pueblos deberes e imponiéndoles cargas. Con mucho más rigor tratan a los depositarios de la autoridad. Ellas les señalan un espacio limitado, les exigen un respeto inviolable a la voluntad de la Nación y a los derechos de los individuos; los convierten en verdaderos servidores de la causa pública, del pueblo mismo; en depositarios de su seguridad; en administradores de su riqueza; en barreras ante las cuales deben detenerse todas las usurpaciones, y todas las injusticias.

Constitución de la República de Chile, 1828.

El sentido político de toda constitución es fijar los límites de la acción colectiva e individual en un territorio dado. Tanto las relaciones de los individuos con sus semejantes, como las de la ciudadanía con el Estado, se limitan y construyen al interior de esta frontera valórica común. De hecho, y si nos ceñimos a la etimología de la palabra constitución veremos que su origen deviene de la unión de los conceptos latinos cum (en conjunto) y statuere (establecer). Así, podríamos interpretar que la constitución es aquello “establecido en conjunto”.

Es evidente, que para sectores significativos de la ciudadanía y la población chilena, este no es un sentido común. Nadie podría esgrimir que el origen de la constitución del 80 fue de conjunto, ni que las modificaciones posteriores han aportado a borrar aquella cuestión de origen.

Es por esto que el proceso constitucional que se abre a partir del anuncio de la Presidenta es, ante todo, una oportunidad para constituir en conjunto, como sociedad de iguales y libres, un conjunto de normas, derechos y deberes fundamentales que marquen simbólica y jurídicamente los límites de la república y que nos doten de un conjunto de mecanismos políticos – por tanto pacíficos – y democráticos – por tanto legitimados en la ciudadanía – que permitan dirimir controversias, resolver conflictos y caminos colectivos para el desarrollo, la justicia y la paz.

Lo que está comenzando es un Chile que se Re-Constituye y lo hace luego de profundas crisis, de una transición difícil, de una reconstrucción democrática lenta pero sostenida, un Chile que debe, con la herencia de todo aquello, con sus errores y aprendizajes, dotarse democrática, libre e igualitariamente de un nuevo marco para sus relaciones políticas, sociales, culturales y económicas.
Una proceso que sólo reforme la actual constitución y no se haga cargo de la necesaria legitimidad y representación de la carta fundamental chocará con la inutilidad simbólica ya demostrada por otros procesos de reformas y no se hará responsable de la insatisfacción que los chilenos y chilenas tienen con el actual modelo relaciones sustentado en valores autoritariamente impuestos y no representativos del Chile actual. Nuestra sociedad está en condiciones cualitativas distintas a todos los procesos constituyentes anteriores y su pueblo, creo yo, capaz de tomar un camino de aprendizaje para hacerse de su ciudadanía.

Chile no debe excusarse en la desesperanza, ni esconderse en el cinismo. Tampoco podemos paralizarnos ante el miedo a los cambios ni dejarnos asustar por temores atávicos e impuestos. Chile debe tomar el itinerario para la nueva constitución como el camino para profundizar su democracia, hacernos cargo de nuestro futuro, fijar reglas claras y compartidas para la toma de decisiones políticas y construir la paz y justicia necesarias para llegar al desarrollo.

No nos dejemos paralizar, ni por el discurso del miedo ni por la retórica de la futilidad. Ambos provienen de minorías que no confían, sinceramente, en la democracia ni en lo que somos capaces de hacer los chilenos y chilenas por el futuro de nuestro país y de nuestros hijos.

Chile se reconstituye, el resultado depende de todos y todas y no hay excusa para no participar!!!

compartir en:
compartir en: