La TV abierta y su deuda con las regiones

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La televisión chilena alienta el centralismo. La ausencia de temas, contenidos y actores regionales en la definición de sus pautas y contenidos genera un sentimiento de malestar que, ya por bastante tiempo, se expresa con fuerza en las redes sociales, en las discusiones académicas y en la conversación cotidiana. La descentralización, la diversidad y el pluralismo son todavía objetivos no alcanzados por la TV abierta y de “cobertura nacional”.

Por años, las regiones han figurado principalmente en caso de tragedias y crímenes y eventualmente por alguna controversia de tipo ambiental. Muy pocas veces aparecen como protagonistas en sucesos de otra índole. La explicación desde el centro es tan sencilla como insuficiente: aparecen cuando constituyen noticia.

Sin embargo, y a pesar del malestar con la TV abierta, la VIII encuesta de televisión realizada por el CNTV señala que una amplia mayoría de los televidentes afirma no conocer algún canal de TV de su región, ciudad y localidad. Entre la minoría que sí los conoce, si bien se manifiesta una valoración positiva e importante respecto del sentido de localidad, hay también una crítica bastante dura a la calidad de la programación de estos canales.

Sabemos que hay un grupo de canales de pequeño o mediano tamaño, que con bastante esfuerzo y mucha creatividad -con las que suplen la escasez de recursos-, están desarrollando proyectos en distintas zonas del país.

Ellos reconocen la existencia de fondos para promover, financiar y subsidiar la producción, transmisión y difusión de programas de nivel cultural o de interés nacional o regional, pero se quejan –y con razón- de la insuficiencia del Fondo de Medios Locales que administra la SEGEGOB y de la inequidad en la distribución de recursos por concepto de publicidad del Gobierno, los que se concentran en los grandes medios, obviando una responsabilidad superior del Estado, la de colaborar con la supervivencia de los medios locales con el propósito de garantizar, precisamente, la diversidad de contenidos, pautas y posturas editoriales.

La misma encuesta del CNTV, señala que –para los encuestados- las empresas auspiciadoras y los empresarios en general, el gobierno y los artistas, son los actores más influyentes en la TV.En el otro extremo, los indígenas, las minorías sexuales, y los sectores populares aparecen como los menos influyentes.

Cabe preguntarse entonces, hasta qué punto los medios garantizan la diversidad de voces –como suelen afirmarlo en sus declaraciones de intenciones- y hasta qué punto se centran en el negocio de visibilizar a los poderosos y reafirmar su influencia.

Hoy, con la nueva ley de TV Digital, está garantizado el aspecto técnico  -se va a ver y oír mucho mejor- pero queda pendiente el desafío de la calidad de la programación y de la integración territorial y social que garantice el pluralismo y la diversidad que tanto buscamos.

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