Consolidación del nuevo ciclo

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Los resultados electorales del pasado 17 de noviembre son expresivos de la voluntad de cambio que  hoy existe en la sociedad chilena. Esa “transición por abajo” que tuvo lugar  en estos años y que tuvo su momento decisivo en 2011,  dio  lugar a una sociedad escindida y huérfana de representación política. La formula de un “nuevo ciclo político histórico” parecía más la expresión de un deseo que de una realidad política tangible. Las pasadas elecciones han consolidado las señales de instalación de este nuevo ciclo.

Al contundente 47 % de apoyo a Bachelet y a su programa, se debiera sumar el esfuerzo, en segunda vuelta, de convocar a los electorados de  algunas de las candidaturas que compitieron,  acogiendo aspectos programáticos de estas e intentando restituir confianzas. Otro tanto habría que hacer con los abstencionistas. En pocas palabras, no intentar ganar solo con el “vuelo” de la primera vuelta el próximo 15 de diciembre. El no buscado escenario de una segunda vuelta puede ser el impensado y propicio escenario político para un triunfo histórico que haga más elocuente la voluntad de cambio que hoy late en la sociedad chilena.

El desembarco parcial, aunque significativo, de la sociedad del 2011 en el sistema político institucional es  una señal relevante, tanto por los triunfos de los dirigentes estudiantiles y sociales más emblemáticos de este período (Jackson, Vallejos, Boric, Fuentes, Cariola),  como también  de antiguas y nuevas figuras que igualmente sintonizan con esta nueva etapa histórica  (Alejandro Guillier, Carlos Montes, Alfonso Durresti, Maya Fernández,  Daniel Melo, entre otros).

Otro dato que refleja la consolidación del nuevo ciclo es el magro resultado de la candidatura presidencial de la Alianza y la  sustantiva baja en senadores y diputados de la UDI, lo  que puede representar el  punto de inflexión en la conformación de una nueva  derecha, más liberal y en ruptura con la dictadura y su legado. Las condiciones están servidas para quién se proponga acometer esta tarea.

Sin embargo, no todas son buenas noticias este 17 de noviembre, y no alcanzan para  echar las “campanas al vuelo” sino a lo sumo para un optimismo cauto: la abstención fue mayor de la esperada en el marco de un menú político que ya no podía ser más amplio y variado; la no obtención de los doblajes necesarios, no obstante el gran resultado a nivel de diputado, abre interrogantes sobre la viabilidad de algunas propuestas; la incompleta transición de la vieja Concertación a la Nueva Mayoría reflejadas en las declaraciones de José Miguel Insulza relativizando el mismo día de la elección ideas claves del programa de Bachelet.

El resultado del 17 de noviembre indica que Bachelet se encamina hacia un holgado y quizás histórico triunfo en segunda vuelta pero sin la mayoría parlamentaria para sus principales propuestas. ¿Con quienes construirá la fuerza necesaria que le permita cumplir su programa de cambios? Quizás esta segunda vuelta sirva para dilucidar esta interrogante estratégica, pues resulta claro, que a pesar de los auspiciosos resultados electorales recientes, todavía “lo viejo no termina de morir ni lo nuevo termina de nacer”.

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