Opinión pública, programas y expectativas

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Una lectura más detenida de las recientes encuestas de la UDP y del CEP permite constatar que se ha producido una lenta pero profunda “transición por abajo” en la opinión pública chilena: las soluciones privadas y de mercado para problemas que involucran derechos sociales se encuentran muy cuestionadas y, en consecuencia, se ha producido una significativa revalorización de lo estatal-público; se ha fortalecido una visión más liberal en temas relativos a la moral individual y hay apoyos claros para una reforma tributaria y política.

No deja de sorprender, considerando la poca relevancia que estos temas tienen en el espacio público y en la conversación de la élite, que un 85% de los encuestados sea partidario de reducir la desigualdad salarial; un 67 % apoye una reforma tributaria; un 81.2 %, una AFP estatal; un 74% esté de acuerdo con “priorizar una educación universitaria gratuita”; un 80% respalde una (re)nacionalización del cobre; un 82,6 % esté por la creación de un red de farmacias públicas; un 70 % prefiera que el Estado se haga cargo del transporte público; un 53% apruebe la idea de que los colegios particulares subvencionados pasen al Estado; solo un 27,9% opine que las Isapres deban seguir siendo privadas. Por otra parte, un 63% está por la despenalización del aborto terapéutico y en caso de violación. En reformas políticas, en una escala de 1 a 7, una nueva Constitución obtiene un 5, 5; la reforma del binominal, un 5,4; y la revocabilidad de los cargos de elección popular, un 5,8.

¿Qué implicancias tiene esta “transición” de la opinión pública, particularmente para la derecha y para la Nueva Mayoría? ¿De qué manera impacta sus programas y cómo actúa sobre las expectativas?

Para la derecha el panorama es simplemente desolador: los temas y sensibilidades expresadas en estas encuestas están completamente ausentes de su propuesta programática actual o, cuando aparecen, contradicen lo que piensa la mayoría. Todo indica que la experiencia cotidiana de las personas con las soluciones privadas y de mercado, no es experimentada como un mayor ejercicio de la libertad personal, como teoriza la derecha, sino más bien como una vivencia de abuso y exclusión. Se trata de algo más empírico que ideológico. Se habla de un big-bang post-elecciones en la derecha, aunque también puede prevalecer una visión más ortodoxa e inmovilista; algo así como: “si la ideología no funciona en la realidad… mala suerte para la realidad”.

Por su parte, la Nueva Mayoría avanza con ventaja porque su propuesta programática se encuentra más en sintonía con el actual estado de opinión pública. Sin embargo, su desafío es cómo dialogar con las altas expectativas de cambio que estas preferencias expresan. Cómo construir una práctica participativa y un relato del cambio que establezca una creíble complicidad y corresponsabilidad con la sociedad y los actores sociales, que los reconozca como sujetos políticos, y que permita concordar los tiempos históricos en los que se pueden alcanzar estos objetivos y anhelos profundos de transformación. Estos días finales de campaña pueden ser clave en la construcción de ese relato y de esas confianzas.

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