Señales y tendencias

compartir en:

Encrucijada

En los últimos días, se han producido importantes hechos políticos en apariencia aislados e inconexos, pero bastante inteligibles si se organizan en lo que parecieran ser tres grandes tendencias que hoy cruzan la política chilena. La primera, una derecha convencida de que llegó la hora del repliegue ordenado y el atrincheramiento en la defensa del “modelo”; la segunda, el incierto y difícil parto en la centroizquierda de una “nueva mayoría”; y, finalmente, la consolidación de un archipiélago de actores y colectivos sociales y políticos con una fuerte impronta generacional, críticos de las actuales formas de representación política y que, hoy por hoy, se aglutinan en torno a la demanda por una Asamblea Constituyente.

Dentro de la primera tendencia, la de una derecha a la defensiva, se pueden consignar la súbita bajada del presidenciable Golborne, por su falta de densidad política para asumir la defensa del proyecto histórico del sector, y la poco deferente salida de Fontaine del Centro de Estudios Públicos (CEP), por resultar demasiado “librepensador” para una etapa en la que se requieren Think Tanks convertidos en “guardias pretorianas” del modelo. En otra esfera, aunque convergente, se puede situar el armado con manu militari de la plantilla UDI, buscando colocar un verdadero cortafuego en torno a los quórum contramayoritarios de 4/7.

A su vez, en la centroizquierda, que hoy va desde la antigua Concertación al Partido Comunista, lo más relevante fue el pulso entre el senador Escalona y la ex presidenta Bachelet, con un contundente triunfo de esta última, en un terreno en que el senador parecía imbatible: el Partido Socialista. La derrota de Escalona –remontable por cierto—potencia la agenda más progresista de la campaña, dada la singular deriva conservadora en que se había embarcado el líder socialista en el último tiempo, en aspectos clave como el cambio constitucional, las primarias y la superación de la vieja Concertación por una “nueva mayoría”, ideas propugnadas con nitidez por Bachelet desde su regreso.

Dentro de la otra gran tendencia, la de los movimientos socio-politicos de origen más reciente, se podrían mencionar múltiples acciones en el terreno de la movilización, de la ”micropolitica”, la autogestión y de las redes sociales, que es por donde parecen moverse estos nuevos “topos” de la historia. También se puede consignar, aquí, el llamado a marcar el voto presidencial con la petición de Asamblea Constituyente y el fracasado intento de crear un puente entre la centroizquierda y el naciente movimiento  Revolución Democrática (RD), en torno a las fallidas primarias de la oposición.

Así, el país parece moverse entre una derecha que se aferra a la defensa de un ciclo político ya terminado; una centroizquierda que se aproxima de nuevo al gobierno con poca claridad programática y sin la fuerza necesaria para acometer los cambios que anuncia; y un sector de la sociedad, particularmente joven, que ensaya nuevas formas de participación y soberanía y que recela de lo institucional. Queda aún por ver cuál será en los próximos meses el resultado del despliegue de estas tendencias  centrífugas que hoy cruzan la política chilena.

compartir en:

1 Comentario

  1. Quién no dice, que después del 1 de julio y con un armazón mas nítido de lo programático, queden visibilizados dos grandes ejes político el atrincheramiento de la derecha y la nueva mayoría social y política en donde los movimientos socio-políticos reciente, vean en este conglomerado posibilidades ciertas de avanzar en sus demandas que para suerte de todos son de la inmensa mayoría
    ciudadana.

Comments are closed.

compartir en: