Las condiciones para una nueva coalición

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Jaime Gazmuri

No sin tensiones, durante el año que terminó, las fuerzas políticas de oposición con representación parlamentaria se han constituido en un nuevo actor en la escena nacional. En octubre celebraron el éxito electoral del pacto suscrito para las elecciones municipales. Con anterioridad habían acordado posiciones comunes en asuntos relevantes de la agenda política tales como una propuesta de reforma tributaria y un planteamiento sobre educación, que recogía las demandas fundamentales del movimiento estudiantil de 2011.

Se anuncian comisiones para convenir los mecanismos de las primarias presidenciales, un acuerdo parlamentario y un debate programático. Asistimos a la generación de una nueva coalición política, cualquiera sea la denominación que se le adjudique, y a pesar de la incomodidad que produce aún a muchos democratacristianos suscribir un acuerdo de Gobierno con los comunistas. Los Partidos de la Concertación, la coalición que condujo la transición y gobernó al país por veinte años, es su componente fundamental.

Se requiere una visión común del futuro que queremos para Chile y de los medios para construirlo. La gestión neoliberal del capitalismo está cuestionada en todo el mundo.

Hasta ahora la novedad principal es, efectivamente, la incorporación a la nueva alianza del Partido Comunista. Las otras fuerzas políticas como la Izquierda Ciudadana, liderada por el diputado Aguiló, y el MAS, por el Senador Navarro, han sido parte durante todos estos años de la constelación concertacionista. A su vez, la candidatura de Andrés Velasco ha logrado articular a destacadas figuras del pensamiento liberal progresista, pero casi todas ellas —salvo la excepción del dirigente empresarial Rafael Guillisasti— han tenido una influencia determinante en las definiciones de las políticas públicas de los cuatro gobiernos concertacionistas.

Es un capítulo aún abierto el tipo de articulación y diálogo que la nueva coalición establecerá con los movimientos sociales que se han fortalecido durante los últimos años —estudiantiles, ambientalistas y territoriales— así como con nuevos actores políticos, surgidos de ellos, como Revolución Democrática liderada por Giorgio Jackson.

Hasta hoy día, por lo tanto, lo nuevo no son tanto los actores de la  incipiente coalición como los desafíos políticos que está obligada a enfrentar, toda vez que todos los pronósticos le auguran un triunfo en la elección presidencial a su candidata natural, Michelle Bachelet.

Parece indispensable que el debate que se anuncia, no se restrinja al esfuerzo por concordar un programa de gobierno de cuatro años. Este deberá configurarse al final del proceso, una vez resuelto el candidato común. Para llegar a definirlo parece fundamental concordar sobre qué principios y valores comunes se construirá la nueva alianza. El debate abierto entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista sobre los Derechos Humanos apunta justamente en esa dirección. Nos parece que en los valores del humanismo cristiano y del humanismo socialista, democrático y laico es posible encontrar un amplio campo de coincidencias entre el centro y la izquierda en el terreno cultural y ético.

Será necesario, asimismo, concordar en los principales problemas y demandas nacionales que la nueva coalición pretende enfrentar y resolver. En estos últimos años se ha ido construyendo una amplia agenda de los desafíos que enfrenta el país para alcanzar un desarrollo socialmente integrado, económicamente sustentable y políticamente participativo. Corregir las profundas desigualdades que caracterizan a la sociedad chilena, y que persisten a pesar de los evidentes progresos en todas las esferas producidos en los últimos veinte años, aparece como el principal desafío de los próximos años. Parece evidente la necesidad de impulsar un nuevo modelo de desarrollo junto a reformas políticas de envergadura. Se requiere una visión común del futuro que queremos para Chile y de los medios para construirlo. La gestión neoliberal del capitalismo está cuestionada en todo el mundo. Parece llegado el momento de una gestión más democrática y social de la economía y la sociedad.

De la profundidad de los acuerdos que se logren, de los valores y principios comunes así como de una visión compartida del futuro de Chile, dependerá la consistencia y alcance de la nueva coalición. Acuerdos sustantivos harían evidente que un periodo de gobierno es insuficiente para conseguirlos. En esa perspectiva el programa del próximo gobierno debería establecer los compromisos para cuatro años, de un esfuerzo de mucho mayor alcance histórico.

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