Ni orden público, ni diálogo: solo confusión

Instituto Nacional

La agraviante instalación de un bus policial al interior del bicentenario Instituto Nacional, según el gobierno para garantizar las clases , demuestra la confusión de la autoridad frente al conflicto estudiantil: los Carabineros se tomaron el establecimiento para evitar que lo hiciesen los alumnos. El desproporcionado  uso de la fuerza fue un fracaso. La acción policial “disuasiva” “fue un incentivo para que los estudiantes concretaran su voluntad de ocupar el liceo en favor de  sus proclamas, aunque luego fueran desalojados y presos. Mal que mal son institutanos.

Cuestionar el uso equivocado de la fuerza pública y la falta de disposición de dialogo no significa un alegato en favor de las tomas. El mal uso de esa forma  de expresar reclamos puede terminar por enajenar a la opinión pública de los motivos originales del movimiento y debilitar severamente a los establecimientos educacionales emblemáticos de la educación pública. Pero en esta dinámica, la responsabilidad de cambiar el estado de las cosas corresponde primera y principalmente al Ejecutivo.

Desde su inicio la movilización estudiantil ha sido una pesadilla para el gobierno. Y su estrategia para enfrentarla ha sido errática de principio a fin. Baste recordar el contradictorio homenaje presidencial del año pasado a los estudiantes en el plenario de la ONU para entender que la sintonía gubernamental no ha sido fina en el manejo del conflicto.

Ahora la decisión es que no hay dialogo “si hay presiones “.Pero cuando no las hay, no hay dialogo porque el gobierno no lo promueve. Incluso los  estudiantes que no participan de las movilizaciones  están conscientes que sin el duro esfuerzo realizado el año pasado el país no estaría hablando de educación, reforma tributaria incluida. Entonces, por eso, las organizaciones estudiantiles ocupan calles y colegios. Pero el gobierno no se mueve ni un milímetro de sus ideas propias en los proyectos en debate. Así, la intransigencia toma el control de la agenda y la oposición no tiene espacio para buscar acuerdos.

Se ha comentado que las encuestas avalan la actuación del Ejecutivo. Se habla de la pérdida de apoyo del movimiento estudiantil, a sus demandas y del deterioro de popularidad de su principal figura, la dirigente Camila Vallejo. Pero urge poner las cifras en contexto y hacer una revisión con cuentas menos alegres. Según la encuesta CEP aunque ha caído la confianza en el movimiento estudiantil (30%), esta sigue siendo superior a la del gobierno (23%). A su vez este obtiene su peor calificación sectorial en el área de manejo de conflictos sociales. Según la encuesta Adimark solo el 26 % de la población aprueba la actual gestión del gobierno en educación.

Un párrafo aparte para Camila Vallejo. La dirigente de la Fech tiene una aprobación positiva de 39%  y una similar tasa de desaprobación. De solo 24 años, es la más joven en la encuesta CEP desde que se publica .Tiene un nivel de conocimiento del 90% superando a casi todo el gabinete de Piñera y  empatando con el candidato presidencial Laurence Golborne. Y es la segunda  figura más respetada en el segmento de izquierda y centro izquierda  en la encuesta mencionada, después de Michelle Bachelet. Y por delante de todos los próceres.

Minimizar el movimiento, el respaldo a sus demandas y a sus dirigentes puede ser un error fatal. Es obligatorio trabajar con las organizaciones estudiantes. La búsqueda de acuerdos tiene que ser definitivamente más persistente y el uso de la fuerza pública más razonable y cuidadoso. Al final por lo que la gente clama es por soluciones.

El 2006 en el periodo del conflicto de los “pingüinos”, la Presidenta Bachelet enfrentó  similares dilemas y su decisión fue jugarse por construir una salida de diálogo. El resultado fue un proceso que involucro a todo el mundo político, el que mirado en perspectiva no resulto satisfactorio, pero básicamente por la falta de profundidad de las reformas propuestas y no por el saldo en materia de paz social del procedimiento utilizado. El estado actual de las cosas no le conviene a nadie y por eso es muy irresponsable jugar al desgaste de los jóvenes movilizados. Ellos tienen energía para rato.

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