Bachelet 2.0: lo que puede aportar el PS

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Michelle Bachelet

Se ha iniciado un saludable debate acerca del contenido y sentido que un eventual segundo gobierno de la ex Presidente Bachelet podría tener.  Resulta poco creíble que pueda desplegarse una opción presidencial –incluso con la adhesión y aprecio popular espontáneo de que goza la ex Presidente- sin definir  el carácter  de  dicha opción, su impronta y sentido histórico.

Bastante se viene hablando sobre cual debiera ser el rol del Partido Socialista en esta etapa. Ese rol no es  simple de definir. Por lo pronto lo que este no debe hacer es intentar monopolizar una figura como la de la ex presidente, sino más bien facilitar que ese liderazgo se encuentre con las  dinámicas sociales que han emergido en este último tiempo. Y también que se provoque en su entorno una valiente deliberación respecto de los inmensos desafíos que se presentan para el progreso del país. Que no son pocos. En su historia el PS ha sobresalido más por su originalidad y creatividad política, que por su fuerza electoral, que siempre ha sido más bien modesta.

Instalar esta pausa de reflexión no significa carecer de voluntad de gobernar, ni adherir a una “división del trabajo” donde la izquierda cuida los principios y se desentiende del poder mientras  la derecha gobierna. La izquierda y la centroizquierda debe ser capaz de disputar electoral y culturalmente la conducción de la sociedad a  las fuerzas conservadoras en toda ocasión y lugar. Pero debe hacerlo sobre la base de  un conjunto de ideas validadas socialmente  y  de una estrategia política  que permita en la realidad ,y no en el papel, construir las mayorías necesarias para cumplir un programa de cambios como el que hoy demanda la sociedad chilena.

El nudo político fundamental de hoy no es tanto el texto de programa futuro sino la confianza respecto como se llevara a cabo. La dificultad no es identificar las principales promesas de una campaña, sino las posibilidades y la voluntad de realizarlas. Como nunca, el problema no es la falta de una figura que despierte amplio apoyo, sino la inexistencia de una alianza política y social capaz de dar sustento y apoyo coherente y leal a  ese gobierno. El contexto de un sistema binominal que le da poder de veto a la derecha multiplica las dificultades.

El gran desafío de futuro es dar expresión política a esa sociedad post transición que fue emergiendo poco a poco durante la década del dos mil  y que terminó de irrumpir y madurar en 2011. Entrar de lleno en el nuevo ciclo histórico implica superar el desfase que se ha producido entre la sociedad y su representación política. Significa en primer lugar asumir una sociedad que rechaza la desconfianza con la ciudadanía que anida en nuestra actual constitución.

Se requiere también entender que existe una institucionalidad y una elite cuestionada por sus formas de concebir y practicar la política, elite a la que las propias transformaciones y tendencias sociales fueron superando y volviendo obsoletas.

Los viejos y nuevos ciudadanos, por lo que indican las encuestas, quieren un segundo gobierno de la ex presidente Bachelet, pero también se preguntan cómo va a ser ese gobierno, con quienes va a gobernar, como va a sortear las limitantes de un sistema político bloqueado, cual va a ser su relación con los movimientos ciudadanos. Son todas preguntas legítimas. El Partido Socialista no tiene por qué tener todas las respuestas pero debe estimular un proceso abierto de construcción de las mismas.

Dotar nuevamente de confianza y de voluntad de poder a la izquierda y a la centroizquierda  solo será el resultado de un proceso amplio y generoso. Llenar de contenidos un liderazgo tan bien posicionado como el de la ex presidente Bachelet es lo que hay que hacer ahora. En esa tarea el Partido Socialista tiene que aportar sus mejores experiencias. La sola idea que este camino esta escrito y que adicionalmente hay portadores de esas verdades, pueden transformar esa ruta por recorrer en un proceso o que frustre la posibilidad de triunfar en las urnas, o que haga imposible la solidez de un gobierno futuro.

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