El mapa cognitivo de la derecha

Neurona

En el último número de la revista Qué Pasa se realiza un interesante catastro de cómo las diversas sensibilidades que conforman la derecha chilena definen a este sector, cómo evalúan los dos primeros años del gobierno de Piñera y hasta qué punto éste refleja las ideas y expectativas que abre una administración propiamente de derecha.

El ejercicio reconstruye una suerte de “mapa cognitivo” de este sector, lo que de paso permite observar los componentes y limitaciones que la derecha tiene para analizar y procesar la compleja realidad actual. Para casi todos los entrevistados, el valor superior es la libertad y el emprendimiento individual, y el principal enemigo es lo que denominan el Estado “constructivista”; la igualdad solo aparece (cuando lo hace) como “igualdad de oportunidades” nunca de derechos o de resultados; el pluralismo moral no se considera una conquista de la “mayoría de edad” de las personas, sino un campo donde se deben enderezar conductas (conservadores) o bien practicar una tolerancia compasiva (liberales); nadie usa conceptos como comunidad, nación, multiculturalismo o ciudadanía democrática y el mercado absorbe casi todas las funciones de pertenencia e integración; la conflictividad social se subsume en el concepto de “orden público” y no se asocian las movilizaciones recientes con alguna deuda social pendiente; no hay ninguna referencia crítica al centralismo ni atisbo de sensibilidad regionalista; no están en el léxico de los entrevistados categorías como “actores o movimientos sociales”; no aparece nunca mencionado el término derechos humanos (ni como reflexión sobre el pasado ni como definición de identidad presente).

A la hora del balance del actual gobierno, los principales logros sociales de la administración Piñera, entre ellos el post natal de seis meses, son evaluados por parte importante de la inteligentzia de derecha con incomodidad. No se los percibe como parte de su ideario: demasiada obligatoriedad, mucha interrupción del mercado. No pocos ven las políticas sociales del gobierno como el resultado de la presión de la calle o la abdicación frente a ideas de izquierda. Al parecer,  sigue dominando ese dogma primario que sostiene que toda solución de mercado y privada será siempre mejor que una de Estado y pública, en una suerte de confianza casi absoluta en un constructivismo espontáneo del mercado.

También llama la atención en el “relato” de la derecha, la desaparición casi completa de las promesas más duras de campaña: mayor eficiencia en la gestión y el combate contra la delincuencia. Es posible que esto se deba a que en ambas asignaturas el gobierno no ha mostrado hasta ahora algún progreso significativo con respecto a los gobiernos anteriores.

Al iniciarse los dos últimos años de la administración Piñera ésta sigue sumida en una identidad difusa y no queda claro cuál podría ser el sello específico que le permita trascender y por el cual ser recordada. La derecha chilena pareciera seguir presa de esa ideología que cree que los gobiernos son más bien parte de los problemas que de las soluciones, lo que indefectiblemente conduce a que se mire con sospecha y se actúe muy lentamente frente a todo conflicto social, medioambiental o regional que signifique el diseño y puesta en práctica de políticas públicas activas.

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