¿Qué pasa con el curriculum escolar?

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Ernesto Águila

En medio de las grandes movilizaciones estudiantiles ha pasado desapercibido una transformación de envergadura del curriculum escolar chileno. No se trata de ajustes menores sino de un nuevo marco curricular para los niveles de primero a sexto básico en cinco sectores de aprendizaje. La razón que se ha esgrimido para este cambio curricular express es que se trataría de dar cumplimiento a la Ley General de Educación (LGE) que contempla seis años de enseñanza básica y seis de media. Este argumento no resiste el menor análisis dado que la LGE estableció un plazo de ocho años para la implementación de dicho cambio, por lo que existe tiempo más que suficiente para abrir un proceso amplio de consulta y diálogo.

El cambio curricular en marcha tiene un grave vicio de forma: las propuestas están siendo refrendadas por un Consejo Nacional de Educación (CNED, ex CSE) cuya composición caducó hace dos años (con el paso de la LOCE a la LGE). Uno de los modestos avances que significó la LGE en relación  a la LOCE fue el cambio de la composición del nuevo Consejo, pasando éste a estar integrado por personas solo vinculadas al ámbito educativo (incluyendo un representante de la organización de profesores), eliminándose el representante del Poder Judicial y el de las Fuerzas Armadas. Han pasado dos años desde la promulgación de la LGE y se sigue operando con el antiguo Consejo lo que le otorga una ilegitimidad de origen a los cambios en curso.

La política de curriculum y evaluación bajo esta administración ha sido errática e ideologizada: primero fueron los “semáforos SIMCE”, luego la reducción de las horas de Historia, el recorte de las horas de Tecnología y Educación Artística, y ahora esta reforma curricular express. Lo más llamativo, pero como se ve no lo único, ha sido el cambio del término “dictadura” por el de “régimen militar”, una decisión, por lo demás, muy poco educativa pues no se conoce ninguna clasificación, antigua o contemporánea, que reconozca la categoría “régimen militar” como una  forma de gobierno o de régimen político.

Expertos en el área curricular de Historia, Geografía y Ciencias Sociales han manifestado recientemente su absoluto desacuerdo con los cambios introducidos en dicho sector en los niveles de primero a sexto básico. Se critica el desacoplamiento de la enseñanza de historia y geografía de la formación ciudadana, la reducción de ésta última a una lógica de disciplinamiento, la desaparición de las ciencias sociales (incluida la economía), además de un conjunto de errores técnicos en las secuencias curriculares. Concluyen los expertos que este sector adquiere un sospechoso parecido a la vieja y opaca asignatura de “Historia y Geografía” de los tiempos de la dictadura.

El nuevo Ministro de Educación debiera pronunciarse e intervenir a la brevedad. Por lo pronto detener el decreto con el cambio curricular propuesto y nombrar  el nuevo CNED y no seguir operando con un Consejo caducado. Por otro lado, si se considera que llegó el minuto de un cambio curricular de fondo,  dar paso a un proceso serio, incluyente e informado, y dar el tiempo necesario para que la sociedad y los actores del sistema debatan y construyan acuerdos mínimos en esta delicada materia; de lo contrario el curriculum escolar entrará en una etapa pendular de sucesivos cambios según el signo del gobierno de turno. Los más perjudicados serán los profesores y alumnos quienes no terminaran de apropiarse del curriculum vigente cuando ya deberán comenzar a enterarse del siguiente. De perseverarse en este camino será muy difícil seguir hablando en serio de calidad educativa.

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1 Comentario

  1. Dictadura o régimen militar: la punta del iceberg

    Ex equipo Curricular de Historia, Geografía y Ciencias Sociales El reemplazo del concepto dictadura por régimen militar en el nuevo curriculum ha producido un fuerte rechazo en el país, y con razón, pero en la discusión suscitada no se ha analizado el conjunto de cambios que ha hecho el Ministerio de Educación en el curriculum nacional, especialmente en el sector de Historia, Geografía y Ciencias Sociales; en tal caso el asunto se vuelve considerablemente más grave y alarmante.

    .En efecto, la Unidad de Curriculum del Mineduc decidió aprovechar la coyuntura que exigía adaptar el curriculum vigente a los lineamientos de la nueva Ley General de Educación, para cambiar su orientación, imponiendo una visión ideológica extremadamente minoritaria en la sociedad chilena. Ello ha pasado desapercibido hasta ahora, y eso que el nuevo curriculum de Historia, Geografía y Ciencias Sociales de 1° a 6° básico está en la etapa de tramitación del decreto, habiendo sido ya aprobado por el Consejo Nacional de Educación, cuya formación data de tiempos de la derogada LOCE.

    En Historia, el énfasis está puesto ahora en la acumulación de información, por eso les da lo mismo haber introducido unos saltos de secuencia temporal que en cualquier otra lógica formativa aparecen como totalmente incomprensibles en su incoherencia (de los indígenas chilenos, a griegos y romanos, luego a civilizaciones precolombinas).El curriculum que fue aprobado en 2009 aspira a que una enseñanza integrada de la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales contribuya significativamente a la formación ciudadana, tanto con respecto a las habilidades intelectuales necesarias para una ciudadanía reflexiva y comprometida socialmente, como con respecto a la forma de abordar los contenidos para hacerlos relevantes para la comprensión del presente y la proyección hacia el futuro. Muy distinto es el foco del nuevo curriculum que está por decretar el Mineduc. En éste, se separan completamente los contenidos en tres ejes temáticos, a saber, Historia, Geografía y Formación Ciudadana. El énfasis de esta última está puesto en el disciplinamiento de los estudiantes, lo que se refleja en la importancia otorgada a la esfera de las conductas esperadas. Los conocimientos en este eje no tienen ninguna relación con los temas abordados en Historia y en Geografía, con lo cual queda en evidencia que a estas disciplinas se les ha desprovisto de su sentido orientado a la formación ciudadana. En Historia, el énfasis está puesto ahora en la acumulación de información, por eso les da lo mismo haber introducido unos saltos de secuencia temporal que en cualquier otra lógica formativa aparecen como totalmente incomprensibles en su incoherencia (de los indígenas chilenos, a griegos y romanos, luego a civilizaciones precolombinas). Además, en los primeros años de básica, la enseñanza de la Historia está centrada en inculcar la pertenencia a una identidad nacional percibida monolíticamente como algo dado, en torno a símbolos, costumbres, paisajes y personajes, y no como un proceso continuo de construcción social, como ha sido entendida por lo demás en la amplia discusión sobre el tema que se dio con ocasión del bicentenario.

    La Geografía en este nuevo curriculum está enfocada en la localización y descripción de paisajes; la diversidad social y cultural se aborda como parte del escenario geográfico, dándole un sentido de curiosidad lejana. Es decir, no se la considera como una disciplina orientada a formar ciudadanos capaces de comprender su entorno local y el mundo global de manera rigurosa, dinámica e integradora, para poder asumir los desafíos que implican los actuales fenómenos naturales y sociales para la vida humana.

    Así como la Historia y la Geografía perdieron su sentido formativo, y se centraron en la acumulación de información, las Ciencias Sociales (incluida la Economía) desaparecieron del nuevo curriculum, con lo cual la formación intelectual de los estudiantes quedó desprovista de aprendizajes conceptuales y de capacidad de abstracción, poniendo también en duda la denominación de este sector de aprendizaje, que en los tiempos de la dictadura se llamó Historia y Geografía.

    Además de los profundos cambios de sentido que se han introducido en el nuevo curriculum sin que la sociedad chilena haya sido alertada, desde un punto de vista técnico, los errores que éste trae son enormes. Por de pronto, en la progresión de las habilidades esperadas en los estudiantes. Por ejemplo: si en 1° básico como habilidades de “pensamiento crítico” tienen que formular opiniones, en 2° básico deben formular opiniones justificadas, en 3° y 4° deben formular opiniones fundamentadas, en 5° y 6° deben fundamentar opiniones, es decir no hay progresión alguna entre 2° y 6° básico. Otro ejemplo: desde 2° a 4° básico deben “aplicar conceptos” de pasado, presente y futuro (sin progresión al respecto), en 3° básico deben también “aplicar conceptos” de años, décadas y siglos, en 4° décadas y siglos, en 5° y 6° años, décadas y siglos nuevamente. ¡Para qué seguir!

    Tan sólo para compadecer a los niños que serán confundidos en 2° con el concepto “antiguamente” y en 3° y 4° con las nociones de antiguo y moderno como categorías temporales. No sería mala idea que se pudiese contrastar con la progresión de habilidades propuestas en el curriculum de 2009 y en los Mapas de Progreso del Aprendizaje de 2008. También hay errores burdos, como por ejemplo incluir entre los paisajes del entorno local al “país” en 1° básico; o confundir en 6° los extranjeros que aportaron a la cultura chilena como Bello y Domeyko, con los extranjeros que, visitando nuestro país, relataron sus observaciones sobre la sociedad chilena decimonónica, como Darwin y María Graham; y hay más errores que sería largo seguir anotando. ¡Incluso se espera en 2° básico que los niños obtengan información sobre el pasado de fuentes que incluyen fábulas y leyendas!

    Un curriculum nacional debe ser una política de Estado y por tanto debe suscitar el más amplio consenso posible en la sociedad. Esta noción elemental ha sido pasada a llevar con el cambio curricular que está por decretar el Ministerio de Educación, que impone una visión ideológica de un sector muy minoritario de la sociedad chilena, sobre lo que ha de entenderse por ciudadanía y por tanto de lo que está envuelto en la formación ciudadana. Sería conveniente que, profundizando la discusión que se ha generado sobre el cambio de dictadura por gobierno militar, ésta se ampliara deteniéndose en el conjunto de los profundos cambios, de enorme sesgo ideológico, que se pretenden introducir en el nuevo curriculum de Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

    Fabián Araya Palacios, geógrafo
    Sofía Correa Sutil, historiadora
    Renato Gazmuri Stein, curriculista Historia y Ciencias Sociales
    Jacqueline Gysling Caselli, antropóloga
    Maximiliano Moder García, curriculista y profesor de Historia y Ciencias Sociales
    Claudio Rolle Cruz, historiador
    Equipo Curricular de Historia, Geografía y Ciencias Sociales hasta Marzo de 2010.

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