El socialismo español en horas bajas

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PSOE

(Ante las elecciones generales del 20N)

El 2 de abril en la reunión del Comité Federal del partido (organismo máximo entre congresos), José Luis Rodríguez Zapatero anunciaba que no repetiría por tercera vez como candidato del PSOE a las próximas elecciones generales. El 22 de mayo en las elecciones autonómicas y municipales el PSOE sufría una derrota electoral sin precedentes en la España democrática. En el intertanto, el 15 de mayo, un inédita acampada de protesta bajo el lema de “Democracia real, ya” se instalaba en la Puerta del Sol, en el centro de Madrid.

Estos hechos reflejan el declive del socialismo español, de su líder y, de su oferta política. El marco de esta situación es la profunda crisis económica, cuyo indicador más significativo es la cifra de desempleados que bordea los 5 millones, alrededor de un 20 por ciento de la fuerza laboral.

El momento que indica un punto de inflexión en la trayectoria de los gobiernos de Rodríguez Zapatero es el 9 de marzo de 2010 cuando, presionado por los organismos internacionales y por la Unión Europea, adoptó fuertes medidas de ajuste que afectaron especialmente a los pensionistas y a los funcionarios (congelación de las pensiones y aumento de la edad de jubilación a 67 años a los primeros y rebaja de un 5% del sueldo a los segundos). Esta actuación ha provocado un  profundo debate ya que para un amplio sector de votantes del propio PSOE vendría a consumar la traición de los postulados socialdemócratas del partido, que se rinde ante la incapacidad de hacer frente a la avalancha neoliberal. La posición contraria, sostenida por el propio Rodríguez Zapatero y su gobierno, es que con las medidas adoptadas se evitó una catástrofe mayor y que España logró por tanto evitar pasar por los mismos apuros que Grecia y Portugal. Este debate estará presente aún por bastante tiempo en la vida política española.

Finalmente, el 29 de julio haciendo uso de su prerrogativa constitucional, el Presidente decide adelantar las elecciones generales (normalmente deberían ser en marzo de 2012) al 20 de noviembre. Con ello se cerrará el ciclo de dos gobiernos socialistas y con toda probabilidad -así lo aseguran las encuestas- dará lugar a un nuevo período de gobierno del Partido Popular. En este contexto, surge la misma disyuntiva que se planteara ya en el año 2000, es decir, si la victoria de los conservadores será o no por mayoría absoluta. En ese momento los pronósticos fueron desmentidos con el triunfo del PSOE por el mal manejo del Gobierno de los efectos de los atentados del 11 de marzo. En esta ocasión un vuelco en las encuestas se consideraría casi un “milagro”.

Esta secuencia temporal lo que viene a confirmar es que, tanto la figura del Presidente del Gobierno, como su Partido, se encuentran en las horas más bajas de toda la España democrática. Queda lejos el año 2000 cuando una nueva generación de dirigentes, liderada por un desconocido diputado, ganó el XXV Congreso del PSOE, asumiendo la Secretaría General y pasando a ser el líder de la oposición a los gobiernos del Partido Popular. El mismo que cuatro años más tarde obtendría un inesperado triunfo en las elecciones generales y que repetiría en el año 2008.

¿Qué ha pasado en estos siete años de gobierno? ¿Por qué se ha llegado a tal situación?

La primera legislatura (2004-2008) despertó una gran expectación por la presencia en el gobierno de una nueva generación de políticos que habían crecido con la democracia. El interregno del PP había durado sólo dos legislaturas (1996-2004)  y ahora regresaban los socialistas renovados y remozados. Aunque su victoria siempre tuvo la sombra del cuestionamiento de la derecha por los atentados del 11 de marzo, no se podía negar el triunfo de los socialistas.

Inspirado en lo que se denominó “El socialismo de los Ciudadanos” basado en un “Republicanismo Cívico” (1), Rodríguez Zapatero puso a andar un gobierno que extendería las libertades y consolidaría y ampliaría las bases del Estado de Bienestar. El resultado de esos cuatro primeros años es positivo y en él resaltan medidas que se correspondían con esos propósitos, como: la ley de matrimonio homosexual, le regularización de inmigrantes sin papeles, la ley de igualdad, o la ley de dependencia, medidas que iban encaminadas a favorecer a colectivos de mayor vulnerabilidad como los homosexuales, los inmigrantes, las mujeres y los dependientes. Todo ello en una situación económica que se creía boyante y que se sustentaba fundamentalmente en un modelo productivo basado en el sector de la construcción.

La situación empieza a torcerse en la segunda legislatura (a partir del 2008) con los primeros coletazos de la crisis económica que comienza con la caída de los grandes bancos americanos y que repercutirá en todas las economías desarrolladas. A posteriori, el primer gran error del Presidente Rodríguez Zapatero (reconocido luego por él mismo) fue su negativa a reconocer que se estaba ante una profunda crisis económica. Cuando toda la sociedad veía una situación de crisis, el Gobierno usaba eufemismos o simplemente  no consideraba tal situación.

Pero lo más importante es la falta de una respuesta a la crisis que se sustente en los valores socialdemócratas. El mensaje que recibe la sociedad, pero especialmente los votantes socialista, es que en las condiciones del actual capitalismo financiero no hay posibilidades de usar las medidas tradicionales que han caracterizado a la socialdemocracia. Y como correlación de esto, que los socialistas pueden gestionar un gobierno en momentos de bonanza económica, pero sobrevenida una crisis no tienen respuesta. De allí que el desencanto se estableciera en un amplio sector de la sociedad que se sintió traicionada por lo que algunos analistas denominaron “la dejación de principios del PSOE”.

En este tipo de consideraciones estarían, en parte, las explicaciones de la derrota socialista en las elecciones municipales y regionales. También explicarían el estallido del descontento social que ha tenido su expresión máxima en la acampada de la Puerta del Sol y en el nacimiento del 15M o de los “indignados”, que han cuestionado la calidad de la democracia y la representatividad del sistema. El “no nos representan” y la exigencia de una democracia participativa son el foco de la demanda de este amplio movimiento

Así, el PSOE se ve inserto en una doble crisis, por un lado la crisis económica y, por otro, la crisis que afecta a la socialdemocracia europea, de la que se viene hablando en las últimas décadas y que mantiene un encendido debate que no siempre traspasa los muros de las thinks tanks y de los círculos de debates partidarios. El fondo de la cuestión es la misma, la socialdemocracia no ha sido capaz de hacer frente a los postulados neoliberales que campean a sus anchas desde los tiempos de Reagan y Thatcher. Las experiencias del laborismo británico de la “Tercera Vía” o la de la socialdemocracia alemana del “Nuevo Centro”, no han tenido un efecto de contrapeso, es más, a veces ha habido una cierta convergencia que ha agregado una mayor dosis de confusión en los votantes progresistas. Esta crisis tiene su reflejo en términos electorales y se manifiesta en el actual mapa político europeo dominado en su gran mayoría por partidos conservadores; sólo España -y con los pronósticos antes señalados-, Dinamarca, Austria, Grecia Chipre y Eslovenia mantendrían gobiernos de izquierda o progresistas (en total 75 millones de habitantes, los países gobernados por partidos conservadores harían un total de 363,5 millones de habitantes. (2). Esta realidad europea condicionaría las medidas adoptadas para gestionar la crisis con una preponderancia de políticas conservadoras.

Con todo y como la crisis no es una exclusividad española sino que se está llevando por delante a una gran cantidad de gobiernos europeos, sean estos de derechas o izquierda. Allí donde gobierna la derecha (como en Francia o Alemania) se evidencia un repunte de la izquierda y viceversa, como en el caso español o hace unos meses en Portugal, un gobierno de izquierdas da paso a uno de derecha. Desde esta perspectiva se vislumbra un repunte de la socialdemocracia en algunos países, como Dinamarca últimamente donde el Partido Socialdemócrata danés ganó las elecciones, o precisamente Francia y Alemania.

El futuro inmediato

El cuadro anterior deja ver la difícil situación en que se encuentra el PSOE que tendrá en un plazo muy breve que afrontar grandes desafíos, como darle la vuelta a unas encuestas muy negativas o hacer frente el desencanto y decepción de gran parte de su electorado. En este contexto, el partido se ha visto en la necesidad de elegir un nuevo candidato en reemplazo de Rodríguez Zapatero. Luego de un amago de elecciones primarias que no fructificó, el partido ha elegido a Alfredo Pérez Rubalcaba, que hasta su renuncia el día 8 de julio ocupaba el cargo de Vicepresidente Primero del Gobierno y Ministro del Interior, es decir, el número dos del Gobierno. Se trata de un experimentado político que tanto en los gobiernos de Felipe González como de  Rodríguez Zapatero ha ocupado varios ministerios y que es conocido por su inteligencia y gran capacidad de gestión.

En segundo lugar, debe el PSOE diseñar un programa que sea capaz de ilusionar a la militancia y sobre todo al votante socialista desencantado. Debe ser un programa que recupere las señas de identidad del partido, es decir, que vuelva a los valores de la socialdemocracia para hacer frente a la crisis que, lejos de amainar, continúa afectando a la economía y a la sociedad española. Con este objetivo se realizó los días 1 y 2 de octubre una conferencia programática en la que participaron también personas no afiliadas al partido, y de donde  ha salido el  programa con que el PSOE enfrentará las elecciones.

El antecedente electoral más inmediato, las elecciones generales del año 2008, ofrece el siguiente panorama: el PSOE logró 11.064.524 votos; frente al PP que obtuvo 10.169.973. En escaños, en un Congreso de los Diputados de 350 miembros, el PSOE contó con 169 mientras que el PP obtuvo 154. A pocas semanas de las elecciones las encuestas hablan de una diferencia de entre 10 y 14 puntos a favor del PP y la posibilidad real de obtener mayoría absoluta (175 escaños). Incluso se considera que podría lograr la cifra mágica de 210 diputados, que significa los 3/5 del total, el llamado quórum reforzado que exige la Constitución para su reforma y para la designación de importantes altos cargos institucionales, como el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Presidente de la Radio y Televisión Española, entre otros.

Los análisis electorales del propio PSOE estiman en unos 3.500.00 los votos socialistas perdidos en estos últimos años y en ellos habría que centrar la atención y dirigir mayormente los mensajes. También se constata que el trasvase de votos al PP es mínimo. A esto habría que agregar una característica del espectro electoral español: la fidelidad del votante de derechas, donde el techo de 10 u 11 millones se mantiene casi invariable. En cambio el voto de izquierdas demuestra mucha mayor volatilidad, sobre todo en las condiciones actuales y teniendo como antecedente las elecciones regionales y municipales. Es este un voto mucho más crítico que el que caracteriza a la derecha que por lo demás en el caso español tiene un solo referente, el Partido Popular. El voto de izquierda en ese sentido es más fragmentado, especialmente por la existencia de Izquierda Unida y otras fuerzas menores de izquierda.

¿Qué elementos podrían jugar a favor de esa recuperación del voto para los socialistas? Se señalan algunos como:

-La puesta en evidencia de las intenciones de la derecha a través de las políticas que aplican allí donde en estos momentos gobiernan, que es en la mayoría de las Comunidades Autónomas. Las medidas anticrisis aplicadas por la derecha estarían desmantelando el Estado de Bienestar. Por tanto, habría una neta diferenciación entre una política de izquierda y otra de derechas. Los recortes y ajustes que están aplicando estos gobiernos regionales han provocado una serie de movilizaciones de los sectores afectados, especialmente de los profesores de enseñanza básica y media, y en otros casos (Cataluña) del sector sanitario. El mensaje es que con la derecha la salida de la crisis será menos solidaria en términos de defensa de derechos adquiridos.

– Una campaña electoral que movilice a la militancia contra el derrotismo y que logre hacer ver a los votantes desencantados que una salida desde la derecha tendrá un coste social mucho mayor. Aquí juega un papel importante el candidato ya que en todas las encuestas Pérez Rubalcaba obtiene una mejor valoración que Rajoy. El lema con que se ha presentado la candidatura de “escuchar, hacer, explicar” refleja la personalidad del candidato que expresa con mucha claridad sus ideas y que de esa manera podría “convencer”.

– En cuanto al programa, como se desprende de la Conferencia Política, éste tendrá un claro contenido socialdemócrata y se basará en dos ideas centrales: la creación de empleo y al defensa del Estado de Bienestar.

– Un tercer elemento es el acercamiento a los “indignados” del Movimiento 15 M considerado mayoritariamente de izquierdas. Este es uno de los obstáculos más difíciles de salvar por las propias características del Movimiento que cuestiona la representatividad y la política en los términos que se desarrolla en la sociedad española.

En todo caso, la carga más pesada que lleva el candidato Rubalcaba y que está bastante extendida es la de: “por qué no hizo en el gobierno lo que ahora promete”.

En resumen, las posibilidades en cuanto a resultados van desde: una “catástrofe” (menos de 125 diputados, que fue lo que obtuvo el PSOE en la elección del año 2000 con Joaquín Almunia); “salvar la cara” (impedir la mayoría absoluta del Partido Popular); y un “éxito relativo”, cualquier resultado por encima de éste. El triunfo del PSOE: el “milagro”.

Finalmente, en cuanto a la valoración histórica del Gobierno de Rodríguez Zapatero seguramente será muy diferente de la que se hace ahora bajo el impacto de la crisis económica que marca a fuego sus últimos años de gobierno. Hay avances innegables sobre todo en el plano de la ampliación de libertades y en política social y en otros aspectos menos mencionados, pero que se cuentan a su haber, como la transformación de la Televisión pública en un organismo no dependiente del gobierno de turno y sí supeditado al Parlamento. También, y a pesar de todo, la falta de conflictividad social que en los 7 años de gobierno ha sido muy baja, es un dato positivo de su gestión. El cuidado de las formas democráticas y el talante democrático del que siempre hizo gala el Presidente, será un rasgo que con el tiempo adquirirá seguramente una mayor dimensión. En todo caso, es pronto para este tipo de evaluaciones que sólo con el transcurso del tiempo darán una visión más ecuánime y objetiva.

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(1) Ver: Philip Pettit, “Republicanismo. Una teoría sobre la libertad y el gobierno”, Ed. Paidós, Barcelona, 1999. “Examen a Zapatero. Balance del Gobierno Socialista”, Ed. Temas de hoy, Madrid, 2008. También: Carlos Iribarren Valdés, “El socialismo de los ciudadanos. Claves ideológicas en el discurso político de J.L. Rodríguez Zapatero. Madrid, 2005

(2) Diario “Público”, 2 de octubre de 2011

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3 Comentarios

  1. En España hay un 45% de parados en el estrato más joven. Allí han crecido los “indignados” y que este domingo no irán a votar dando con ello el triunfo a la derecha del PP. Esta será la peor derrota del PSOE desde el retorno a la demcoracia, y se viene un gran recorte al estado de bienestar español.

  2. el PSOE perdio porque enfrentó la crisis economica generada principalmente por la especualcion financiera como lo haria cualquier gobierno de derecha. EL PSOE hipotecó la confianza de la izquierda por muchos años…

  3. Ha sido una gran derrota del PSOE espero que durante los 4 años que va a estar el PP, el partido socialista pueda recuperar la confianza de la izquierda y de todas las personas que les han votado a pesar de no estar contentos con los ultimos acontecimientos. La crisis durara todavia unos cuantos años con esto que aprendan la lección, tienen 4 años para hacerlo y volver a ser ese gran partido. Por ahora esperar la tormenta que se nos viene encima

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