Igualdad, Democracia y República

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Democracia

En estos 20 años hemos aprendido que el principio de subsidiariedad es insuficiente y el rol del Estado Subsidiario es demasiado limitado para los desafíos que Chile tiene en su camino al desarrollo

El XXIX Congreso del PS nos encuentra en un momento especialmente desafiante del desarrollo político de nuestro partido desde que recuperáramos la democracia. Obviamente este momento está marcado por la derrota de la coalición de gobierno de la que formáramos parte pero, también es un desafío el proceso de re-construcción de la coalición de oposición y nuestro rol en ese proceso.

Este contexto nos coloca una vez más frente al gran reto de la política, que no es otro que el futuro. Cualquier debate en torno al hecho político que no tome en cuenta el poder en relación con su capacidad transformadora del futuro corre el riesgo de convertirse en debate estéril  y sin sentido tanto para la historia como para los ciudadanos que la viven.

Asimismo, es inevitable que el debate congresal se perfile desde el balance y se vincule con la necesidad de resaltar aquello que no se hizo cuando fuimos gobierno o, visto de otro modo, aquello que formaba parte del núcleo fundamental del acuerdo movilizador contra la dictadura, aquellas ideas y promesas fundacionales de la Concertación que quedaron a medio camino o derechamente incumplidas en cada uno de sus períodos de gobierno. Esto es natural ya que fueron ideas que en su mayoría configuraron la necesidad de que el PS se sumara a la alternativa democrática de derrota de la Dictadura y, también, persistiera, de manera correcta, en una alianza mayoritaria para el desarrollo de la democracia y su profundización.

Comienzo estas letras coincidiendo con ambos tópicos, es decir, con la ilusión de que el debate congresal sea un punto de quiebre en el derrotero de la oposición, y del PS, que nos lleve a volver a construir alternativas de futuro (tanto programáticas como electorales) y, segundo, con la conciencia tranquila de quien reconoce que no se logró todo lo que se quería y que el funcionamiento elitista de nuestra (casi) democracia provocó insatisfacción y desencanto en la mayoría que era la concertación. Sin embargo quiero ser coherente con lo importante y centrar el debate y mi opinión en aportar a la configuración de esta conversación para el futuro.

Una primera cuestión que me parece relevante y propia de quienes aprenden de sus errores  es proponer que en el marco de este debate aclaremos y separemos bien los conceptos e ideas que hay detrás de nuestras propuesta y nos esforcemos en parir un proyecto de futuro con identidad clara. No podemos dejar abierta la definición ni de valores ni de jerarquías de estos y, menos, de los objetivos que consideramos primordiales. Si, hay que partir sin miedo por decir claramente que para nosotros la Democracia y los Derechos Humanos están por sobre el mercado, que la igualdad y libertad de las personas en un valor superior a la propiedad y que si bien la libertad es un valor compartido en Chile, para nosotros esa libertad no significa ser capaces de hacer cualquier cosa si tenemos el poder para ello, sino que Libertad significa crear una sociedad capaz de garantizar, mediante las leyes y la acción del Estado, que nadie en la República de Chile puede ser dominado arbitrariamente por otro ser humano y que por el sólo hecho de nacer en esta tierra todos, solidariamente, nos ocuparemos de que tenga garantizadas, en oportunidad y calidad, las condiciones para su desarrollo como ser humano, sin importar su origen socioeconómico, étnico, adhesión política, su pensamiento religioso o su género.

Si partimos desde aquí, es más fácil que todos podamos construir una propuesta de futuro para Chile.

El desafío de la Igualdad

Este es, a mi juicio y el de muchos que han opinado, el principal desafío del Chile de 2030 así como el principal escollo para el desarrollo del de hoy. Por esto creo que debe ocupar un lugar central en el debate programático de la Oposición. Esto significa que, en cada una de las áreas sectoriales de cualquier programa (Educación, Salud, Vivienda, Trabajo, Cultura, etc.) y de cualquier nivel (Nacional, Regional, Municipal) se debe transversalizar este valor como un objetivo. preguntarnos en cada sector ¿Que hacemos en esta área para fortalecer la igualdad?¿Nuestras propuestas y críticas a las políticas apuntan a focalizar gasto contra la pobreza o efectivamente atacan la desigualdad?.

Los ciudadanos se sienten inseguros y desprotegidos, baste ver para esto las claras tendencias del latinobarómetro, la CEP, los estudios del PNUD, entre otros. Esto debe ser contrarrestado haciendo que nuestras personas sientan que tienen recursos efectivos para que sus derechos sean respetados en su vida Laboral, en su relación con el Estado, en el acceso a la salud y la educación, en su relación con el mercado o con la banca, que nuestras ciudades, y sus espacios públicos, no sólo sean seguras, sino que integradas y habitables, que los servicios públicos y privados sean oportunos y de calidad, en fin, que funcionen las instituciones y también los mecanismos que garantizan que esas instituciones, públicas o privadas, nos tratan y sirven como a iguales.

Debemos volver a indignarnos con la desigualdad, pues es la única forma de conectar con la disociación cívica que afecta a los chilenos. Si somos capaces de hacer esto, encontraremos la fuerza para unirnos tras la voluntad política de ofrecer más y mejores políticas redistributivas, de poner coto al abuso de la banca, de fortalecer sindicatos y Organizaciones civíles, de proveer bienes públicos de calidad para dar efectivo cumplimiento al mandato de los ciudadanos que es garantizar Educación, Salud, Vivienda, Seguridad Social, trabajo de calidad y seguridad Pública desde una perspectiva de derechos.

Tenemos que avanzar. Si reconocemos que el adversario es la derecha de hoy, esta que habla de libertad y democracia, que Reconoce el estado Palestino, que toma medidas para agasajar minorías y que pretende reelegirse; pero que es la misma derecha que privilegia el mercado sobre la democracia, que se mueve por intereses empresariales y que asume la gobernabilidad democrática como una forma y no como un sentido. Si es esto lo que reconocemos, entonces tenemos que aceptar que el desafío de toda la oposición y responsabilidad de sus líderes, es aceptar que el modo de hacer política y el diseño institucional de la transición ya no sirve.

Hasta ahora, y debemos reconocerlo, estamos empantanados en la resolución de conflictos internos y en la perplejidad que provoca enfrentar la política sin un proyecto nítido y común. Estamos inmersos en la natural conflictividad que provoca, para unos, sentir que un cambio de formas puede implicar perder el poder  y para otros, la incapacidad de crear alternativas viables de liderazgo.

República y Democracia:

A juicio de muchos, el problema con la democracia, a nivel global,  tiene directa relación con su calidad y ya no tanto con sus procedimientos formales [1]. Sin embargo nuestro país, al problema de la calidad, debe sumársele el problema del tipo de Estado que queremos y la forma de la democracia a la que aspiramos.

Si compartimos esta realidad, de manera natural llegaremos a la conclusión que la manera de transformarla legítima y participativamente es mediante la construcción colectiva de una Constitución. Así, la cuestión siguiente es proponer desde una mirada coherente con los valores antes planteados, que debiera decir esta nueva carta fundamental.

Primero, estoy convencido que en estos 20 años hemos aprendido que el principio de subsidiariedad es insuficiente y el rol del Estado Subsidiario es demasiado limitado para los desafíos que Chile tiene en su camino al desarrollo. Baste con decir, a modo de ejemplo, que seguir esperando que otros actores se hagan cargo de la planificación de la inversión nacional en Investigación y Desarrollo o que el mercado sea un actor equitativo y no segmentado en terrenos como la educación y la salud, es pedir demasiado o ser inocente. Chile debe ser un Estado identificado constitucionalmente con los valores republicanos de igualdad y libertad y por tanto, dejar claro que junto con promover el desarrollo de las persona y grupos intermedios, debe también ser un estado que sea capaz de garantizar el desarrollo  igualitario y autónomo de todos y cada uno de sus habitantes. Esto significa también re-jerarquizar los derechos y deberes garantizados en la carta fundamental y fortalecer aquellos debilitados frente al derecho de propiedad. No puede ser que la quema de un pastizal tenga mayor pena que la violación u otros delitos contra la vida.

Desde el punto de vista de nuestro diseño institucional, es natural que si decimos que queremos más Democracia y de mejor calidad, hemos de replantearnos hasta dónde el Diseño presidencialista y centralizado de nuestra República es coherente con ese deseo ciudadano de tener más incidencia en las decisiones y acciones del Estado. Este no es un debate nuevo, y el posible reemplazo del presidencialismo por un sistema semi presidencial o parlamentario formó parte importante del debate constitucional de la oposición a la dictadura [2] y que debe ser parte, nuevamente, de cualquier agenda de transformaciones “2.0” a nuestra democracia.

Por otro lado, el sistema de partidos y el sistema electoral deben, necesariamente para insistir con la coherencia, ser revisados. Los Partidos Políticos tienen un rol insustituible en el funcionamiento de la democracia, tan insustituible que hoy, ante su crisis, es el sistema completo el que carece de fortaleza en sus niveles de credibilidad y legitimidad. Debemos como sociedad preocuparnos de relegitimarlos y apoyar su recuperación. La democracia es tarea y esfuerzo de todos. Remirar el financiamiento de ellos y su transparencia, regular el lobby, fiscalizar e iluminar sus elecciones internas, incluso al punto de que sea el SERVEL el que las supervigile, hacer obligatoria las primarias como mecanismo de elección de candidatos y por lo tanto, con financiamiento público, controlar efectivamente el gasto electoral, hacerlos responsables y auditables políticamente, entre otras, son medidas que nos deben llevar a que los partidos sean nuevamente creíbles y transparentes a los ojos de los ciudadanos [3]. Igualmente, de nada sirve modernizar los partidos si no reemplazamos el sistema binominal de elección del parlamento por sistemas que garanticen y fortalezcan la representaciones políticas y territoriales en el Congreso.

Empero, la democracia no es sólo un fenómeno institucional, por lo tanto de reglas. La democracia es también un fenómeno de relaciones humanas, es otra herramienta que hemos construido para fortalecer la Igualdad. tanto es así, que aquellos países con mayor desarrollo hacia esta mirada de democracia no sólo ha crecido económicamente, sino que ademas lo hacen con calidad de vida y mejor redistribución. La desigualdad estructural e histórica de la sociedad chilena sólo puede ser disminuida con una red de organizaciones sindicales fortalecidas y una sociedad civil organizada. Esto debe ser apoyado por la República y garantizado por la constitución. No es el chorreo neoliberal, sino la organización social democrática y sus equilibrios lo que hará que Chile más que crecer, se desarrolle. Mucho de esto estuvo en el imaginario político y en la voluntad inicial de las campaña y los gobiernos de R. Lagos y M. Bachelet, fue esto lo que movilizó a millones en esas victorias y es lo que hoy hay que reconquistar con promesas de acción y vencer la desconfianza.

Otra ola de reformas imprescindibles tienen que ver con la descentralización de la república (política) y de la Administración del Estado. No entraré en este post en comentarios latos sobre el diseño de esta reforma, pero sí se debe recalcar la necesaria unidad de acción con que debe ser abordada y tener mucho cuidado con creer que esto es solo una pegatina de medidas y acciones aisladas. Hablar de descentralización, y lo digo como una persona nacida y formada en la Región de Valparaíso y su ciudad capital, debe ser también debatir acerca de que recursos, competencias y atribuciones, es decir poder, queda en el nivel central y que no. Esa es la discusión que debemos transparentar y no solo declarar que queremos descentralizarnos.

No puedo terminar este comentario sin hablar de la gran falencia de nuestro sistema democrático y que sitios como el quintoder.cl, elpost.cl, o apuestas en papel como cambio21 están tratando de resolver. Chile adolece de una concentración de medios y contenidos de libre acceso francamente riesgosa para la viabilidad y estabilidad de la democracia. Ningún sistema es ética o pragmáticamente viable si su relato de realidad y por tanto la forma en que se percibe es tan monocolor y comprometida sólo con una mirada de sociedad. Esta es una deuda política que debemos priorizar para el futuro. Este es un requisito mínimo para definirnos como democracia.

Espero que estos sucintos comentarios sean útiles y se entienda que no buscan ser un recetario, sino solamente un recordatorio que la crisis que vivimos no es por falta de Ideas, muchas de ellas ampliamente compartidas, sino por la falta de claridad política de los líderes para salir del estado de depresión reconociendo claramente los errores y de la ciudadanía de centro izquierda para, después de un año, entender que la unidad es el camino para que los proyectos colectivos emerjan. Sólo en estas condiciones habrá nuevos y viejos liderazgos más creíbles, amplios, fuertes, legitimados y, por tanto, victoriosos.

Por Eduardo Muñoz Inchausti. Doctorando en Gobierno y Administración del Estado, Instituto Ortega y Gasset, Universidad Complutense de Madrid. Ex- Subsecretario de Cultura, Gobierno de Michelle Bachelet.

Notas al pie:

  • [1] Ver especialmente los trabajos de investigadores como B. Manin (1995), L. Morlino (2004), A. Valenzuela (2006), O´Donnel (2009), entre otros.
  • [2] Ver trabajos de Juan Linz, Arturo Valenzuela, M. A. Garreton
  • [3] Comparto en este punto gran parte de lo planteado por O. Landerretche en su posteo en el Quinto Poder
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